Solo pensamientos, historias por escribir para que luego no las olvide. O solo para sacarlas de la cabeza...

domingo, 18 de marzo de 2012

Pegar con cintas la linea del horizonte


Hay veces que uno toma mucho impulso para correr. El camino ha sido escogido por alguna razón. Y de pronto, por el impulso y la fuerza, se llega al abismo sin tener tiempo siquiera de darse cuenta que ya se está cayendo. Luego el mundo está patas arriba, el horizonte esta roto y el cuerpo, la cabeza y el espíritu hay que recogerlos y pegarlos con cintica para de nuevo seguir caminando, ya tal vez, por cualquier camino.


Otras veces ya después de varios abismos, (que lo importante de ellos es el trayecto y el golpe final) el camino se hace con la paciencia de las heridas que sanan. El horizonte se reconfigura a cada paso, y el abismo se divisa desde la esquina. No es que el abismo se evite. Claro, después seguro el horizonte se desconfigura de nuevo y también  hay que pegar el rompecabezas de la vida. Pero es otro camino. Es otra forma de caminar.

Soñé a Berlín y ahora que tengo que irme vuelvo a entender dentro de mi, con la certeza no de las palabras sino del corazón, porque tenía que llegar hasta aqui. Pero ahora dejo esta ciudad y este camino para caer de nuevo  y dejar que el horizonte se vuelva a desarmar y mi cabeza, mi espíritu y mi cuerpo tengan de nuevo otra oportunidad de configurarse. Otra vez.

Berlin. Te observé desde el centro de tu movimiento. Extrañaré caminar por la plataforma mientras espero el dragón subterráneo. Sonrío de nuevo por ver a tus locos recogidos en cada esquina. Aprendí de tus utopías posibles en donde ninguna de ellas es ya posible. De tus heridas y tus caminos rotos y cosidos con la fuerza del concreto y los tiempos de la unidad y la libertad. Extrañare las aguas grises del Spree mientras observo el hielo pasar rápido bajo cualquier puente. Tu falta de centros. Tu exceso de esquinas y lugares vacíos. Las sillas vacías. El olor del viento frío. Las hojas amarillas de tus arboles acumuladas hasta que la administración se ocupe de ellas. Vivir tranquilamente agitado. Tus ruidos. La torre vigilante como un faro para los que perdemos el mapa, de esta ciudad con caminos sin rumbos.

Necesito otra vez de todo mi valor. De recoger todas mis fuerzas para hacerle frente a este desbarajuste. Un desbarajuste afortunado. Busqué ese abismo, que también es un camino y  ahora no será sino asumirlo.

Tengo que decir adiós, y decir hola otra vez. Es hora de aprender otra vez a decir hasta pronto, mantener conexiones sin perder mi corazón y mi cabeza, echar raíces como una mata trepadora que se extiende por la superficie de los caminos.

Me mudo a Weimar.  


(Y sonrío porque también lo soñé alguna vez en alguna siesta mañanera que ya olvidé)

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