lunes, 10 de junio de 2013
Motten im Kopf // Polillas en la cabeza.
Motten im Kopf - Polillas en la cabeza from Ana María Vallejo on Vimeo.
A veces siento que mi cabeza es final de todo. Y entonces miro el papelito que me recuerda que lo que pasa en la/mi cabeza no pasa en el mundo real. De ahí y de muchas otras cosas que pasaron, sale este video. Resulta además como el primer resultado de lo que pasa aqui en Weimar, en esta Universidad a la que llegué a estudiar hace un año y dos meses. Además es un video que terminé ya hace mas de 6 meses y no había cerrado su ciclo. Y aqui yo tachando listas de pendientes, lo terminé finalmente (Se grabó de nuevo la voz en off en estudio, se remezcló el audio, corregí errores ortográficos, etc) y lo hago público.
Fue un proceso bonito, de crear otra vez, después de inventarme muchos, muchos proyectos y todos dejarlos en ideas que no me movían, este salió de tardes en la biblioteca y de mirar el camino y el horizonte del mar en las vacaciones. Sobre todo, de mirar adentro y entender que estaba pasando conmigo. Es un re-acercamiento al arte, pero sobre todo una examinación a (mi) proceso creativo.
Por alguna razón las polillas no se van de mi cabeza, sin importar todo lo que haga para eso. Parece ser que la vida siempre pide mas. Mas calma, mas conciencia, mas meditación, mas presencia, mas atención. Tal vez este es el momento de volver a este video. Como una nota (audiovisual) de concentración a lo que me pasa hoy, para regalarme la belleza de las cosas que salen de mi cabeza, de mis manos. Para traerme la calma, las energías para poder seguir caminando, para insistir mas, para querer mas lo que hay en mi cabeza, para querer y enamorarme de mis ideas, para que sea yo (y nadie mas) la que le de valor a lo que hago. Es un respiro, y un paso adelante.
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sábado, 27 de abril de 2013
Lentejas nostálgicas
Las lentejas son como las
tardes donde la abuela. Tienen un saborcito lleno de nostalgia, de
luz cálida, voces gruesas de gentes mayores, de siesta después del
almuerzo. Por eso las lentejas son platos para disfrutar en compañía,
y en caso tal de soledad, las lentejas son para acompañarlas de una
peli, o un postre de fruticas que remate el plato principal.
Para preparar las
lentejas es necesario estar antojado. Cocinarlas es una labor que
incluye sentir lo que dicen las tripas, combinarlo con la cantidad de
nubes ese días y sonreir mientras tanto. Para un resultado de
reminiscencia mas óptimo, las lentejas se cocinan después del
desayuno si se sirven de almuerzo, en la tarde si se sirven en la
comida. Pues hay que dejarlas calar, dejar que los ingredientes se
recalienten y terminen de dar su sabor nostálgico de años que ya se
fueron (pero que por la magia de la cocina, vuelven cuando estamos
lejos lejos de esos tiempos). Si no hubiera tal preparación previa,
hay que cocinar planeando sobras para el desayuno del otro día,
cuando el efecto deseado llegará a su mas alta efectividad.
Primero me gusta poner
los ingredientes sobre la mesa. Saco un dientecito de ajo, una
cebolla, dos o tres zanahorias, 2 tomates, 3 o 4 papas y las
lentejas que deben estar desde la mañana o la noche anterior en agua
para que se cocinen mas rápido. Es importante tener comino. Sal.
Pimienta. Salsa de tomate o BBQ. Hay quienes agregan tocineta, carne
de cerdo picada en pedacitos, o salchica.
Primero hay que partir el
ajo, yo lo prefiero pequeñito, aunque debo confesarlo, siempre me
quedan unos tamaños irregulares. La cebolla en cuadritos, el tomate
en cuadritos para hacer el guiso. Las zanahorias se lavan y se pelan.
Se rayan con mucho cuidado de no terminar haciendo un rayado de
dedos. Las papas se lavan y se pelan, se parten en cuadritos.
Lo mas importantes de las
lentejas es que tengan espacio en la olla. El orden de los
ingredientes en ella pueden variar según la música, los visitantes.
Si hay mucha gente y uno sufre de nervios escénicos el orden está
al ritmo del caos, de los chistes y las preguntas constantes sobre el
proceso de la cocina, como interrupciones planeadas por un agente
divino. Si hay radio para acompañar la soledad, para deshilvanar los
pensamientos al ritmo de la cuchara y los olores que salen de la
comida, seguro que va primero la cebolla y el tomate justo despues
que el chorrito de aceite doradito este hirviendo en el fondo.
Después cuando empiece a
hacerse el guiso, es decir, cuando la cebolla y el tomate ya huelen a
desayuno agregaría el ajo y la zanahoria. Esos cuatro ingredientes
terminan el guiso, para que el aroma mañanero se vuelva en un
almuerzo. Mientras tanto uno va agregando sal y pimienta al gusto,
con salero y molino pimentero, chen chen, chrata charata tá.
Una vez haya un guiso y
antes que la zanahoria pierda todo su sabor en el tomate, se agregan
las lentejas, y durante unos minutos se mezcla todo, agregando sal y
pimienta y esta vez el comino que va convirtiendo el plato en una
tarde de domingo, con las voces de la visita, las risas de los niños
corretiando por la casa, la abuela riendo a carcajadas mientras los
demás adultos miran por un ojo lo que hacen los niños y con el otro
la semana que se acaba de terminar.
Entonces cuando ya todo
huela a tarde de domingo con atardecer calientico, empieza uno a
echar chorritos de agua, espaciados uno tras otro, para que los
sabores calen, y así se va midiendo la sal, que una vez haya agua
suficiente y habiendo dado la pruebita clásica a algún otro
comensal que quiera sentirse incluído en la preparación del
almuerzo magno diciendo que falta mas sal, o que está bien, y
entonces mirará la repisa de las especias y luego de buscar lo que
no ha encontrado, asentirá que lo que falta es sal, volverá a la
mesa y su misión se habrá para entonces terminado. Así después de
esta parte importante, un chiste y demás, es la hora de agregar los
cuadritos de papa, trarataststatsyas, y entonces está casi todo
listo. Hay que esperar que la olla llena de ingredientes llenando de
sabor la tarde de domingo hierva, para bajar el fuego, poner la tapa
y esperar.
Para acompañar las
lentejas un arrocito y aguacate tan maduro que sabe a mantequilla.
Mientras tanto, mientras
se cocina, en la mesa, se cocinan las ideas, las historias de amigos,
las risas se mezclan con el olor del comino, se llenan de nostalgia,
las ventanas se abren para que entre el fresquito, y para que el
estómago embolate el hambre mientras las lentejas calan.
Hay que revisar mientras
tanto, la cantidad de agua y la sal. Ahí agregaría un poquito de
salsa de tomate que le da un dulzoncito que enamora por corriente y
vulgar.
Cuando están listas las
lentejas se apuran a nuestra boca, la cuchara se mueve mas ávida que
de costumbre y pronto, pronto, el plato se habrá acabado, como se
acaban los domingos, las tardes familiares, los gritos de los niños,
las visitas malucas, previendo lo que viene en la semana entera,
olvidando la pasada, lista para una siesta y llevar a los sueños, la
barriga llena y el corazón contento.
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viernes, 19 de abril de 2013
Escrito en un lunes triste
(En Medellín mientras pensaba en el ir y volver)
Puede que sea pereza, falta de
tiempo. Ligereza nocturna la que no me ha dejado sentarme con calma
en estas noches a escribir. Tal vez es que aqui recibo mucha
información, tanta que olvido rápidamente, como cuando una ola tras
otra arrasa con las formas de la arena, una y otra vez. Tal vez sera,
que ahora en medio de una habitación llena de recuerdos, una casa
llena de nostalgias, una ciudad que me afecta tanto, ni se muy bien
que de todo lo que pasa por mi cabeza debería escribir, debería
permanecer, no debería olvidar.
Es que estos días rápidos de
visitas, permanencias temporales, re-conexiones interrumpidas
nuevamente deberían ser olvidados nuevamente algún día. ¿Eso
pasará apenas me vaya de este continente y pise de nuevo ese donde
yo ya tengo otra vida? También es que en medio de las nostalgias me
ha dado por leer los cuadernos viejos, donde están escritos mis
días, mis ideas, donde reposa mi cabeza desde hace tanto tiempo.
Lugares donde mis palabras se derramaban como un asunto obsesivo,
como una huída a la soledad tan absurda de la que sufrí, tal
parece, tanto tiempo. De pronto, me pregunté para que escribir
tantas historias, tantas ideas tan íntimas que nunca saldrán de
esos cuadernos, que son una historia anónima, fragmentada, sin hilo
conductor mas que mi memoria, y que apenas yo muera, me vaya, sera
ultrajada, olvidada, quemada, violentada por ojos curiosos, recuerdos
prejuiciosos, o peor aun, se quedaran en silencio como quisiera que
se quedaran, pero tal vez traicionando la esencia misma de escribir:
construir una memoria, una historia para ser contada.
Entonces para qué escribir esta
historia, si nadie o mas bien unos pocos van a leerla, para que
seguir escribiendo mi historia sin los suficientes detalles mas que
estos pensamientos adolescentes cuando soy una mujer casi llegando a
los treinta. Eso de llevar un diario se me va volviendo un muro de
lamentaciones, deseos incumplidos, inalcanzables y sueños olvidados.
Para qué escribir esta historia mal contada sin siquiera atreverme a
contar más historias, historias reales mas allá de mi cabeza.
Pero escribir parece ser una
necesidad ya no tan obsesiva pero si tan paliativa. Pareciera que
sentir el papel debajo de la tinta a través de mis dedos, las teclas
sonando al ritmo de la chicharra o del silencio de la calle, fueran
los tratamientos precisos contra este mismo mal solitario de rumiar
las mismas ideas en mi cabeza, como un perro comiéndose la cola y
cerrando círculos que obstaculizan la visión. La cabeza se hace un
nudo y es solo en este preciso momento en el que hay una lucidez, un
descanso. Entonces el nudo se deshace y va cayendo lentamente sobre
la hoja en blanco. Hasta que la cabeza no se siente constipada, la
respiración se normaliza, la soledad de nuevo, se siente a gusto.
Tal vez sea este ejercicio uno de
los pocos que en medio de deshilar las ideas, me permite estar en
presencia total de lo que hago. De alguna manera, como un acto de
contrición, escribir se vuelve una meditación, sobre mi misma,
sobre esa sensación terrible que agita el corazón haciéndolo latir
mas rápido y a un ritmo desacostumbrado.
Pero escribir sobre lo que pasa, esa
tristeza infinita de no ser capaz de nombrar lo innombrable, de
sentir que esa vida que tuve toda la vida, se va deshaciendo, se ha
vuelto un espejismo nostálgico que se desvanece al perseguirlo. Ya
nada es como era, sin duda, no lo sera después. La vida la he
partido en dos mitades que hoy parecieran irreconciliables y que al
pensarlo así, siento ese peso de lo radical de este juicio. Nada tan
temporal como este sentimiento, pero tan certero y real dentro de mi
cabeza. Vuelvo a sentir miedo de hacerme una exiliada mas, vuelvo a
sentir miedo de mis pensamientos que como látigos me castigan en
prisiones invisibles. Es como si quisiera atrapar agua en las manos,
pero todo el tiempo cae entre los dedos y nada, pero nada pareciera
permanecer. Todo va cayendo y allá abajo, no somos, son solo
personajes solitarios tratando de agarrarlo todo pero perdiendo casi
todo como un cedazo roto y viejo.
La alegría consiste solamente en
esos pequeños momentos en los que pareciera que la caída se
detuviera porque la presión del agua ha disminuido y solo queda
entre las arrugas de las manos, unas pocas gotas que pronto serán
tantas que harán parte igual de ese olvido en caída libre.
¿Nadie acaso siente esa soledad
extrema? De vernos tan cerca pero luchando tan solos por esas ideas,
por salvar nuestro propio pellejo, por vivir una vida, cualquier
vida, la que escogimos o nos tocó, en medio de las pequeñas
tragedias cotidianas, mentales, inundadas, otra vez por esa agua
solitaria que humedece todo?
Dicen que escribo cosas muy tristes.
Tal vez es que es el remedio a la tristeza. Ir dejándola palabra a
palabra porque ellas, las letras no responden ni con gritos ni con
desdén. Se dejan del gris y la humedad de las lágrimas no lloradas,
ahogadas en medio del agite diario, de la frase interna, de ser
fuerte a como de lugar.
Esa obsesión porque la vida no
cambie, y tratar de detener su fluir.
No, no.
Seamos siempre
niños en el patio de la casa con el sol de la mañana, seamos
abrazos de oso antes de ir a dormir, sonrisas por un dulcecito al
día, seamos siempre idealistas radicales, jóvenes con ganas de
comernos el mundo, seamos hippies llenos de flores volando entre
nubes, que no pasen las tardes de buscar figuras entre las nubes. Que
no se acaben los caminos entre el bosque, que los rayos de sol que
caen sobre el rio no cambien, no cambien.
Pero la luz cambia, las nubes se
van, ya no hay tantos te quiero, ni as sonrisas permanecen siempre.
No hay príncipes azules, ni hippies que no se vean decadentes. Los
caminos se acaban porque no hay casi bosques, y las películas no
tienes finales felices.
Ya nada es como antes, porque antes
tampoco fue mejor.
lunes, 25 de febrero de 2013
Actualización de estado
Hoy miré por la ventana a las 6 de la mañana. Me desperté cuando los camiones que limpian la nieve pasaron limpiando el mierdero que queda cuando después de cuatro días de lenta y persistente nevada, comienza lentamente a descongelarse. Las máquinas lograron colarse en mis sueños intranquilos con sus sonidos ensordecedores. Me desperté de un susto y no pude dormir sino hastas que tenía que levantarme de nuevo. No son solo cuatro días de nieve, sino que van tres meses de nieve intermitente. Casi un año de mi vida en Weimar. Un mes de trabajo sobre un nuevo proyecto casi 7 dias a la semana, casi 12 horas diarias. Con pausas pero no tantas. El clima no deja, no dan ganas. Estoy ahora en mi cama. Me estoy tomando un chocolate caliente, que ya está tibio. Mi cuerpo me pide a gritos que no trabaje mas en lo mismo, que necesita sol, y que por favor no me estrese.
Bueno, por fortuna tanto trabajo tiene una razón, y es que estoy a tres días de estar en la que antes fue mi casa, y que ahora sigue siendo mi casa, pero es mas de mi mamá que mía. En un clima espero mas benévolo, con mas sol, con tormentas tropicales. Veré esas montañas de mi ciudad con su verde jaspeado cada vez mas y como una invasión, por el color ladrillo. Digamos que me voy de mi casa, y vuelvo a mi casa. Desde ya siento el olor, el aire caliente y mi cuerpo se estremece de tanto deseo. Tal vez será que por eso mi cuerpo me dijo, no mas. Desde ayer tengo la cabeza funcionando a medias, una náusea nerviosa, un no se que lleno de nostalgia, felicidad, mezclada con cansancio. Si por mi fuera lloraría mientras me abrazan toda la noche.
Pero no es que esté triste. Al contrario. No puedo sino estar feliz. Esta nueva vida, en esta nueva casa, una casa que se hace cotidiana y cómoda, con los amigos alemanes, y otros tantos de otras partes del mundo, con el amor cerquita cerquita a pesar de los kilometricos que nos separan que son muchos pero que se sienten a veces poquitos, con quien me acompañe en mis cuitas y aventuras, con una segunda casa y otros tantos amigos en Berlin... en fin. Parece que por donde uno va, va dejando pedazos de la casa, extensiones del corazón, antenas del corazón que traen las señales de las buenas ondas para poder seguir caminando.
Estoy contenta porque estoy trabajando en una animación, una animación linda, linda. Porque trabajo con alguien, una lucecita de la buena suerte, y asi el trabajo se llena de sabor, historias, musica, buenas energías. Porque llegué hasta tan lejos, una ciudad como una casa de muñecas, en medio de Alemania, porque hablo finalmente alemán sin que muera de vergüenza a cada vez. Si. Porque ya se porque vine hasta tan lejos.
Pareciera que volver me llena de ansiedad, volver para volver. Ir y volver. No se de donde me voy y a donde llego. Probablemente Colombia se este volviendo temporal y lentamente en el lugar al que voy para regresar de nuevo (una y otra vez). Entonces pensando en que un mes y medio es muy poco pienso todas las cosas que quiero hacer. Quiero ver a los amigos, a los que se dejen ver, quiero disfrutar mucho mi familia, tomar todo el sol posible, comer cosas deliciosas, pero sobre todo, sentir la tranquilidad de hace tantos años, que me ataca hoy en la distancia, en esta nueva casa no tan nueva, con melancolía y nostalgia. Viajar y contemplar el camino.
De pronto esta ansiedad mezclada con tantas cosas solo es el vacío a punto de ser llenado con paisajes y rostros conocidos pero revisitados. Re-correr y des-andar los pasos. Para que cuando regrese a esta misma cama desde donde escribo, sienta el peso real de tener la cabeza y el corazón conmigo a donde quiera que voy. (Y asi como un caracol, la casa a mis espaldas)
Bueno, por fortuna tanto trabajo tiene una razón, y es que estoy a tres días de estar en la que antes fue mi casa, y que ahora sigue siendo mi casa, pero es mas de mi mamá que mía. En un clima espero mas benévolo, con mas sol, con tormentas tropicales. Veré esas montañas de mi ciudad con su verde jaspeado cada vez mas y como una invasión, por el color ladrillo. Digamos que me voy de mi casa, y vuelvo a mi casa. Desde ya siento el olor, el aire caliente y mi cuerpo se estremece de tanto deseo. Tal vez será que por eso mi cuerpo me dijo, no mas. Desde ayer tengo la cabeza funcionando a medias, una náusea nerviosa, un no se que lleno de nostalgia, felicidad, mezclada con cansancio. Si por mi fuera lloraría mientras me abrazan toda la noche.
Pero no es que esté triste. Al contrario. No puedo sino estar feliz. Esta nueva vida, en esta nueva casa, una casa que se hace cotidiana y cómoda, con los amigos alemanes, y otros tantos de otras partes del mundo, con el amor cerquita cerquita a pesar de los kilometricos que nos separan que son muchos pero que se sienten a veces poquitos, con quien me acompañe en mis cuitas y aventuras, con una segunda casa y otros tantos amigos en Berlin... en fin. Parece que por donde uno va, va dejando pedazos de la casa, extensiones del corazón, antenas del corazón que traen las señales de las buenas ondas para poder seguir caminando.
Estoy contenta porque estoy trabajando en una animación, una animación linda, linda. Porque trabajo con alguien, una lucecita de la buena suerte, y asi el trabajo se llena de sabor, historias, musica, buenas energías. Porque llegué hasta tan lejos, una ciudad como una casa de muñecas, en medio de Alemania, porque hablo finalmente alemán sin que muera de vergüenza a cada vez. Si. Porque ya se porque vine hasta tan lejos.
Pareciera que volver me llena de ansiedad, volver para volver. Ir y volver. No se de donde me voy y a donde llego. Probablemente Colombia se este volviendo temporal y lentamente en el lugar al que voy para regresar de nuevo (una y otra vez). Entonces pensando en que un mes y medio es muy poco pienso todas las cosas que quiero hacer. Quiero ver a los amigos, a los que se dejen ver, quiero disfrutar mucho mi familia, tomar todo el sol posible, comer cosas deliciosas, pero sobre todo, sentir la tranquilidad de hace tantos años, que me ataca hoy en la distancia, en esta nueva casa no tan nueva, con melancolía y nostalgia. Viajar y contemplar el camino.
De pronto esta ansiedad mezclada con tantas cosas solo es el vacío a punto de ser llenado con paisajes y rostros conocidos pero revisitados. Re-correr y des-andar los pasos. Para que cuando regrese a esta misma cama desde donde escribo, sienta el peso real de tener la cabeza y el corazón conmigo a donde quiera que voy. (Y asi como un caracol, la casa a mis espaldas)
Un tercio de vida
Hace un tercio de vida te fuiste de mi vida. De nuestra vida. Mas de un tercio de vida. Cada día que hoy son muchos, tu recuerdo se hizo mas grande, tu realidad mas lejos. Hoy después de nueve años la vida sin duda siguió, el mundo no se acabó, el despertador sigue sonando cada mañana.
Después que te fuiste terminé la universidad. Hoy no soy exactamente artista, aunque eso sea lo que haya estudiado. Soy de nuevo estudiante. Y ya no vivo en la casa, con todos, sino que estoy lejos. Me busqué un trabajo del que disfrutara mucho como tu solías decir: el trabajo es tan maluco que le pagan a uno, por eso uno debería buscarse uno no tan aburrido. Entonces me divertí como loca, aprendí del trabajo, encontré un oficio. Lo dejé, lo reencontré. Hoy estoy lejos de esa vida, lejos de la ciudad donde crecimos bajo tu cuidado, hoy estoy sola, sola sin ti, sola sin muchos otros, pero conmigo.
La vida sería otra contigo a mi lado aún. Pero lo que aprendí sin ti, fue tan grande como lo que aprendí de ti. Hoy lo que fue tu casa no es mi casa, aunque sea mi familia. Hoy ya no soy tu niña, hoy soy una mujer.
En mi te observo a veces y eso me llena de orgullo. A veces quisiera que me vieras, ¿me ves desde alguna parte? ¿Sabes lo que hago? Ya no estás para verme, ya no estás para aprobarme ni aplaudirme. Sin embargo a veces miro a la nada preguntándome cual hubiera sido tu opinión, tu solución.
Solo a veces. Porque se que dentro de mi, y dentro de nosotros están todas las repuestas. Hubiera querido que viviéramos mas juntos, que me vieras sonreír con todas las cosas que hago, que vieras mi nombre en los créditos de la televisón, en un diploma, en una visa, en un tiquete de ida y vuelta para ir y volver de casa y llegar al mismo tiempo a casa.
Hoy después de nueve años, después de recordar una y otra vez esa mañana en la que te fuiste de repente, después de desear que todos los papás del mundo se fueran y asi que todos los hijos, sintieran lo que yo sentí, solo puedo honrar a los vivos. Recordar la vida. Vivir la vida, mi vida y toda la gracia que hay en vivir.
Entonces pongo una canción de los Beatles, miro los trenes pasar, pienso en tu sonrisa, en tus manos grandes. Le echo tabasco a la comida. Escucho a los demás. No escucho a veces también. Mi memoria es de papel. Llamo a la mamá. La miro a los ojos, asi no la esté mirando, y entiendo porque te enamoraste de ella. Miro a mis hermanos, me veo en ellos, te veo en ellos, leo nuestras historias, recuento los días. Sueño nuevos sueños. Tengo miedo. Pero me hago la que no tengo. Quiero salvar al mundo y mas bien no lo hago.
Va a llegar un día en el que mi vida sin ti, será mas larga que la vida contigo. Un tercio de vida es mucho, es poco, depende cuanta vida haya.
Antes hubo mucha. Después mas.
Después que te fuiste terminé la universidad. Hoy no soy exactamente artista, aunque eso sea lo que haya estudiado. Soy de nuevo estudiante. Y ya no vivo en la casa, con todos, sino que estoy lejos. Me busqué un trabajo del que disfrutara mucho como tu solías decir: el trabajo es tan maluco que le pagan a uno, por eso uno debería buscarse uno no tan aburrido. Entonces me divertí como loca, aprendí del trabajo, encontré un oficio. Lo dejé, lo reencontré. Hoy estoy lejos de esa vida, lejos de la ciudad donde crecimos bajo tu cuidado, hoy estoy sola, sola sin ti, sola sin muchos otros, pero conmigo.
La vida sería otra contigo a mi lado aún. Pero lo que aprendí sin ti, fue tan grande como lo que aprendí de ti. Hoy lo que fue tu casa no es mi casa, aunque sea mi familia. Hoy ya no soy tu niña, hoy soy una mujer.
En mi te observo a veces y eso me llena de orgullo. A veces quisiera que me vieras, ¿me ves desde alguna parte? ¿Sabes lo que hago? Ya no estás para verme, ya no estás para aprobarme ni aplaudirme. Sin embargo a veces miro a la nada preguntándome cual hubiera sido tu opinión, tu solución.
Solo a veces. Porque se que dentro de mi, y dentro de nosotros están todas las repuestas. Hubiera querido que viviéramos mas juntos, que me vieras sonreír con todas las cosas que hago, que vieras mi nombre en los créditos de la televisón, en un diploma, en una visa, en un tiquete de ida y vuelta para ir y volver de casa y llegar al mismo tiempo a casa.
Hoy después de nueve años, después de recordar una y otra vez esa mañana en la que te fuiste de repente, después de desear que todos los papás del mundo se fueran y asi que todos los hijos, sintieran lo que yo sentí, solo puedo honrar a los vivos. Recordar la vida. Vivir la vida, mi vida y toda la gracia que hay en vivir.
Entonces pongo una canción de los Beatles, miro los trenes pasar, pienso en tu sonrisa, en tus manos grandes. Le echo tabasco a la comida. Escucho a los demás. No escucho a veces también. Mi memoria es de papel. Llamo a la mamá. La miro a los ojos, asi no la esté mirando, y entiendo porque te enamoraste de ella. Miro a mis hermanos, me veo en ellos, te veo en ellos, leo nuestras historias, recuento los días. Sueño nuevos sueños. Tengo miedo. Pero me hago la que no tengo. Quiero salvar al mundo y mas bien no lo hago.
Va a llegar un día en el que mi vida sin ti, será mas larga que la vida contigo. Un tercio de vida es mucho, es poco, depende cuanta vida haya.
Antes hubo mucha. Después mas.
viernes, 8 de febrero de 2013
Insatisfacción
Seguro alguna vez leí algo parecido a lo que voy a escribir. Seguro ya lo han dicho, seguro usted también se ha sentido asi. Y seguro, solo repito y repito. Antes cuando vivía allá, en mi tierrita, soñaba con viajar lejos, conocer “el mundo”. Y luego, hoy cuando estoy en el mundo, sueño con volver, con seguir buscando. Irme para volver, volver, para desear partir de nuevo. Para añorar ese lugar que he dejado, para seguir mirando mas allá de estos pies que pisan este suelo, de estas nubes que cruzan por la ventana, mas allá que estos horizontes, por qué no volver a los horizontes color ladrillo, a las montañas que me ahogaron alguna vez, al calor que tanta falta me hace. O tal vez no tan lejos, tal vez aquí mas cerquita, en un pueblito aún más anónimo, de nuevo en un idioma que no entiendo, otra vez sentirme extranjera, otra vez empezar de nuevo, otra vez desde cero. Buscar y buscar, y al final, nunca encontrar.
Entonces para la insatisfacción me receto chocolates, pelis bonitas, poesía, amores duraderos, noches profundas y oscuras, orgasmos largos, euforias alcohólicas, tal vez salir corriendo detrás de un bus, o solo correr para la salud. Nadar para la calma. Estar sola, o tal vez con mucha gente.
Pero no, igual. Sigo buscando sin encontrar, como un pajarito desorientado que perdió su bandada, no encuentra ni el sur, ni identifica el sol cuando sale al amanecer.
Para la insatisfacción nos recetamos irnos de compras, hipnotizarnos con los artilugios del mundo moderno, llenar la vida de emociones que temporalmente nos hacen creer que todo esta bien. Sin saber muy bien cual es el estado bondadoso de la vida. Esta vida moderna que nos hizo creer que había que llegar a un estado, que había que buscar la experiencia, la sabiduría, el estatus, la competencia. Que el amor es como en una comedia romántica, las rupturas como en una novela venezolana, el glamour como en una alfombra roja.
Pensé que había dejado de buscar. Y temí mientras tanto dejar de soñar. Ahora no se dónde están los sueños, los tesoros ya encontrados, menos el mapa para seguir buscando.
Olvido en las noches, pero en las mañanas me acuerdo de nuevo.
Estoy cansada de buscar. Estoy cansada de nada y de todo.
Entonces para la insatisfacción me receto chocolates, pelis bonitas, poesía, amores duraderos, noches profundas y oscuras, orgasmos largos, euforias alcohólicas, tal vez salir corriendo detrás de un bus, o solo correr para la salud. Nadar para la calma. Estar sola, o tal vez con mucha gente.
Pero no, igual. Sigo buscando sin encontrar, como un pajarito desorientado que perdió su bandada, no encuentra ni el sur, ni identifica el sol cuando sale al amanecer.
Para la insatisfacción nos recetamos irnos de compras, hipnotizarnos con los artilugios del mundo moderno, llenar la vida de emociones que temporalmente nos hacen creer que todo esta bien. Sin saber muy bien cual es el estado bondadoso de la vida. Esta vida moderna que nos hizo creer que había que llegar a un estado, que había que buscar la experiencia, la sabiduría, el estatus, la competencia. Que el amor es como en una comedia romántica, las rupturas como en una novela venezolana, el glamour como en una alfombra roja.
Pensé que había dejado de buscar. Y temí mientras tanto dejar de soñar. Ahora no se dónde están los sueños, los tesoros ya encontrados, menos el mapa para seguir buscando.
Olvido en las noches, pero en las mañanas me acuerdo de nuevo.
Estoy cansada de buscar. Estoy cansada de nada y de todo.
miércoles, 16 de enero de 2013
Por la nieve
Me gusta caminar por
la nieve. Se siente un poco el frío, también cómo la suela lentamente se hunde
en el grosor de la capa que la nieve ha formado al caer. Se hunden entonces un
poquito el zapato, y suena, así, scschhhuhhh, a cada vez. Me gusta ya en la
noche que la nieve se vuelve amarilla bajo las lámparas de la calle y entonces
cobran vida las formas que en el día se
escondían, el relieve del piso, las huellas de los zapatos, hasta la dirección
en que el viento sopla.
Me gusta entonces
caminar donde nadie ha caminado, y dejar mis huellas: Hacerlas despacio y luego
rápido y tal vez dejar mi propio caminado ahí hasta que alguien más las pise de nuevo,
alguien quite la nieve del camino, hasta que caiga mas nieve y cubra de nuevo y
con esa paciencia mis huellas, que siempre, siempre, sobre la nieve o sobre
cualquier cosa son solo temporales.
Tal vez es la
nieve, sobre todo esta chispita de nieve que cayó hoy, como el tiempo, que poco
a poco va formando capas en los recuerdos, en la piel, en los años, en los
amores, en los odios. Así va haciendo la nieve, pero todo pacientemente y a la
medida de un par de días, de un par de meses, o bueno tal vez mas que dos
meses. La nieve, esa arena blanca ligera y delicada, persistente, tan temporal
pero tan contundente.
Y el silencio, que cuando todo está cubierto por esa capa
de azúcar en polvo, cambia, se siente otro. Un ruido más
silencioso. La gente cambia hasta la prisa, la mirada, probablemente, retando
la persistencia del clima.
Por la nieve.
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