Solo pensamientos, historias por escribir para que luego no las olvide. O solo para sacarlas de la cabeza...

jueves 23 de febrero de 2012

Un gato caminando por la nieve

Primeros dias.

Viajando al sur. Estancada por la nieve en Milán. Huyendo del frio berlinés. Lo mas difícil es cambiar de Idioma. Primera palabra que quiero decir y hay un pito en mi cabeza. No hay nada. Luego empieza a fluir. Escojo cuidadosamente las palabras, despacio. Del español brinco el alemán. No lo Necesito. Luego viene el inglés que es poco útil. "Hi" es respondido con impavidez y silencio. Esta bien, me digo tranquilizándome. Intentemos con las cuatro palabras de italiano que aprendí en la universidad con un filósofo suicida. "Ciao!" aunque no lo digo con suficiente seguridad. El silencio continúa. Brevemente es interrumpido por un "buon giorno" corto y seco, o un "prego" de mala gana. Justo en ese momento llega una milanesa con sus 50 años bien puestos y grita "ciao!". Estamos en una heladería y son casi las 10 de la noche. Afuera hace hielo. He entrado porque me ha sorprendido la heladería nocturna y prefiero disfrutar un helado sola en una cafetería tibia nocturna, que una pizza sola en un local lleno de gente y ruidoso. Todo es un problema de la soledad. La soledad que busco y de la que huyo como una banda para correr. La señora ha gritado con suficiente fuerza y alboroto, muy a diferencia de mi. Asi y claro, con la lengua materna, le ha dicho al heladero, que no importa el frio que haga, siempre cae bien un helado, aun mas en el invierno. Entonces se pide un helado doble de menta y frambuesa. Yo, decido pedir un wafle con nutella y helado de tiramisú. Compruebo que es demasiado dulce la combinación, pero me lo como despacio como entre querer y resignación. En el televisor hay una película doblada al italiano. Robin Hood. La miro como cuando uno observa algo sin en realidad observarlo. Están cerrando el local. Me apuro con mi wafle, la milanesa se ha terminado tan rápido su helado, casi tan rápido como cuando aquí se toman un café espresso rápido en la barra de cualquier bar.


Afuera hay sol. Es mi segundo dia de viaje al sur. Salgo al piso húmedo de nieve descongelada. mis zapatos son de otoño, nada apropiados para tanta humedad. Sin embargo, no siento tanto frio. Es aguantable. Andiamo! con mi bolso al hombro dejo el hostal Ostello Bello y me aventuro por las calles milanesas. La ruta planeada incluirá estar perdida. Por más que planee algo, se que me perderé todo por culpa de mi brújula interna que me permite encontrar supresas al andar.

La luz del sol en invierno es como una mañana eterna que en las tardes se vuelve cálida. mientras tanto hay un aire fresco que baña las calles y llena mis pulmones. Hay mucho ruido. Una ciudad ruidosa es una redundancia. Unos africanos me ofrecen en ingles algo, igual que a todos los turistas y yo no pronuncio ni una sola palabra. Son manillas de hilo, que "regalan". Viejos trucos que evito.


El duomo parece un castillo de una película al estilo de la historia interminable. Un palacio iluminado por la bondad de un ser superior. Adentro hay que acostumbrarse a la luz. y si se mira a lo alto uno reconoce lo limitada que es la humanidad, el ser humano, esta raza inteligente con religiones y sistemas políticos para dominar el universo. Me gusta entrar a las iglesias. son un refugio, una calma así estén llenas de turistas, y yo no sea mas que uno de ellos.

Milán me toma por sorpresa. sus tiendas de ropa de moda, muy elegantes, sus tiendas de diseño, los edificios con portales señoriales, la gente caminando con sus abrigos largos y sus gorros con aires elegantes que se mueven como corrientes de aires. De pronto un tranvía amarillo cruza la calle y yo llego a "il giardini publici". Está todo blanco, la nieve en el piso que me provoca acariciar. Claro. Y eso le da un aire precioso. La luz entre los árboles que cae dando textura a la nieve de una cobija suavecita en la que uno podría acostarse para ver el cielo para pillar una nube en medio del cielo azul plano que queda después de las tormentas de nieve. Procuro no deslizarme en el hielo mientras mis zapatos no adecuados me causan tantas dificultades. Me detengo. A mi izquierda alguien esquía, luego pasa una pareja trotando, por el camino principal vienen con bolsas de de compras amarillas y sus abrigos largos. De pronto traen algunas compras de invierno para este clima tardío. Es febrero y ya nadie se esperaba que llegaran temperaturas tan bajas.


Las palomas buscan debajo de la nieve cualquier cosa. En la fuente hay madres con sus niños recibiendo el sol las bancas de parque están llenas de nieve, silenciosas esperan alguien que quite los 8 cms de nieve y caliente la superficie. Seguirán esperando pacientemente. Me gustan las bancas solas. Son el indicio de que siempre la soledad esta esperándolo a uno. Una corriente de viento se mete entre las ramas de los árboles y la nieve sobre ellas se esparce por el aire como cristales llenando mis ojos de luces y de un sonido silencioso y blanco. Aqui Milán pierde su ruido. Y gana toda la magia. 

domingo 15 de enero de 2012

Just walking



A veces sale el sol. Y cuando sale el sol veo la nubes. Hay nubes de todas las formas, pero es la misma ventana la que miro. El cielo se pone azul y la luz del sol de invierno es blanca blanca como una mañana eterna y luego amarilla suavecita justo antes de que el sol se esconda. Y entonces es una tarde eterna, eterna y lenta, pero que me trae la oscuridad a las 4 y que me deja ver los aviones y sus luces en las noches, como avisando y recordando el viaje. Pasa uno cada dos minutos. Pero estaba hablando de las nubes. Hay de muchas formas, sobre todo unas que me gustan mucho que son como copitos de algodón regados en el cielo. Y en las tardes eternas las nubes que dejan ver entre grises los rayos de sol naranjas volviendose rosados. Pero eso en el invierno y desde mi ventana se ve poco. Ahora trabajo. Hace mucho tiempo no tomaba las fuerzas para ponerme en un proyecto propio. Me desean suerte, mas bien vencer el miedo. A veces me acuesto sobre el piso de madera y cierro los ojos. No se cuanto tiempo pasa. Por mi cabeza estan las mil y un veces que no me he parado de nuevo. Sin pensarlo me levanto. Me duele todo. Es solo el miedo calando mi cuerpo y mi cabeza. Y empiezo. Una foto tras otra. Un dibujo tras otro. Cuento los frames. Me monto en la silla, muevo el trípode. Trato de concentrarme. Delete. Siempre hay ideas mejores. Pero no puedo mostrar sino lo que he aprendido y lo que soy en medio de mis límites. Soy todo lo que soy pero también soy los limites que trato de cruzar. Nadie me dice cuidado, nadie me dice, recuerdalo, nadie me recuerda como se mueve el mundo frame tras frame. Yo soy quien tengo cuidado, yo soy la que recuerdo, la que me muevo, la que pienso mientras como cereal en la mañana con los ojos casi cerrados haciendo fuerza en el alma para no quedarme entre las cobijas y mis sueños. Voy en camino. No he llegado. Lo importante es seguir caminando. Cuando llegue, será solo de paso. Luego sigue el camino bajo mis pies.

Aun falta un montón. Apenas estoy empezando y el plazo empieza a correr hoy. Puedo mirar hacia atrás. Aun no se el por que de muchas cosas. Pero ya he subido escaloncitos. Listas mayores con tachones importantes. I´m just walking, I keep walking, like Johnny. 

miércoles 4 de enero de 2012

Otra ventana. O la misma que no miro.


Estoy mirando una ventana. Otra vez. Mi cuerpo es una falla en secuencia. Todo lo produce el miedo, otra vez el miedo. El miedo a la vida. A la vida de la que me escondo cómodamente una y otra vez. Si tan solo hubiera respondido preguntas fundamentales dejando por fuera las circunstancias. Pero verdad! Solo se responden bajo circunstancias. Uno es humano porque se contradice todo el tiempo. Y porque olvida lo que estaba haciendo hace un parpadeo, hace unos meses, hace unos años. Sobre todo los motivos. Y entonces me enfrento otra vez. A lo que he hecho y a la lo que "quiero" tan convincentemente. Convencida ambas veces, contraindicada ambas veces. Contradicciones, cabezas duras, terquedades y ojos ciegos. Abre los ojos, que no estoy viendo mas allá de mi cabeza. Hay que sacar la cabeza por la ventana, sentir el viento, oír el ruido de los carros, que las llantas salpiquen el agua de la lluvia, que las hojas ausentes no suenen, que las voces de los vecinos estén ausentes. Los paseantes no hablan, solo a veces, como cuando están interesados en la conversación. Y como me siento encerrada, pataleo como he visto patalear. He visto espejos, no sabemos a dónde vamos, ese túnel se vuelve siempre y a cada vez oscuro y lo único que hacemos es patalear, como si fuera la única condición posible. Observa, observo. Tengo miedo. Me duele el pecho. Los ojos se cierran a la fuerza como queriendo no ver la verdad. Mi cuerpo me pone un obstáculo mas grande que mi mente, ambos cómplices, ambos en mi contra. Errática estoy mi mis 28 y el 2012 y el tiempo de una visa, me ponen un reloj que me presionan mas. Quedarás solterona, sin patria, sin tierra, sin empresa, sin profesión, sin amor. Móntate en esos trenes rápido! son los últimos!

Observar, observar. No hablar.

Dicen que Berlín es una ciudad que se mete debajo de la piel. Dentro de la mía está hace tiempos. También me dijo hoy una berlinesa de chaqueta de cuero y 50 años, que "Berlin ist eine öffentliche Stadt" .... "Du wirst ein Platz für dich finden"

Se acabó el romance. También el silencio. Será que podemos seguir con las negociaciones para volvernos a enamorar de por vida? (así la vida sea solo un par de meses más?) 

miércoles 21 de diciembre de 2011

En un bosque espeso



No quiero olvidar. No porque quiera recordarlo... mas bien para no olvidarlo, lo quiero como punto de referencia. Hoy estoy en un bosque profundo en el que me adentro caminando con cautela, mientras las ramas de los árboles y sus raíces se turnan para hacerme caer cuando quieran. El sol entra de a poco entre las copas y las nubes. Estoy atenta como cazadora, sigilosa como cuando uno no quiere que se despierte un oso feroz. No quiero olvidar lo que hay detrás del bosque para saber mientras camino y en medio de la cautela que por fuera del bosque hay mas, muchas cosas más que me pertenecen, como ese aire que me permite respirar, ese aire que traspasa la espesura del bosque y llega hasta mis pulmones. El aire no es del bosque, el aire viene de los días que han pasado del ritmo y la vida misma. Vida que da más vida. Recuerdos que se reemplazan por otros. Recuerdos que se borran, días que se olvidan con mas olvidos futuros.



Después de ser viajera, el romance se acaba. Necesito aun el viaje. El viaje mientras las burbujas, el viaje en el dragón amarillo, el viaje en el tren que parece de juguete, el viaje en la autopista mientras los molinos de viento modernos me hacen preguntarme donde estarán las dulcineas listas para ser salvadas por caballeros errantes y sin objetivos, en un continente lleno de perdiciones y falsas utopías de unidad y perfección moderna. El viaje entre los asíncrono de los lugares. El viaje por las calles empedradas, las películas de los años de las guerras, el viaje entre mis libros colombianos, el viaje en mi casa zombie, el viaje como una vida. El viaje y yo, yo y mi viaje. Un viaje ya sin romances, tan lleno de realidades subjetivas, de paisajes que dibujo con el lápiz chueco y la punta roma. Borradores sucios que dejan marcas, pero que permiten seguir dibujando. Caminos que se van haciendo a cada paso, pero ya no hay romance. Todo es mas real. Mas racional. Nada de idilios. Este es el cielo gris que escogí  y si quiero permanecer aqui, aun a pesar de su propia esencia opaca y sin brillo, el idilio se acaba: toca ir de un lado a otro en pequeños viajes constantes, interrumpidos por idiomas extraños, razones ajenas que hice propias, terquedades que asumo, porque quizás es demasiado tarde de recuperar el camino de entrada a este bosque. Estoy muy adentro y aunque el aire sea el mismo, ya se ha perdido el rastro. No queda sino caminar y avanzar, así sea en círculos, en zig zag, armar un camino como sea, para despejar algún día este bosque profundo. Llegar a un claro, llegar, porque no he llegado. Mientras tanto me asomo al rayo de sol que supera las nubes pesadas y grises pintadas con brochazos fuertes de un blanco muy sucio, miro entre las copas de los arboles, respiro de nuevo el mismo aire, que es la única evidencia de que estoy viva, que aunque el romance se haya acabado este es mi aire, este es mi camino y que yo decidi adentrarme en ese bosque profundo lleno de contradicciones.   

viernes 11 de noviembre de 2011

Este mundo, como lo estamos construyendo se va a ir a la mierda. Mientras tanto, disfrutémoslo.


Si, son dias del individuo re-socializado. Entretenimiento personalizado, pero conectado entre unos y otros. Ahora los que producimos entretenimiento, pensamos en como innovar. E innovar hoy significa ir a los gustos de cada individuo. Si. Los programadores, quienes son los nerds mas sexys y ricos de nuestra generaciones, se pasan los dias frente a pantallas haciendo las estructuras de programas y productos que se adapten a los gustos de cada usuario y consumidor. Ya no se trata de un sabor universal como la Coca Cola que se distribuya por el mundo entero sino de un solo concepto adaptado a miles de usuarios.

Aceptémoslo, estamos cerca de los mundos utópicos que la ciencia ficción predijo hace decádas. Mundos ademas apocalípticos, donde el humano se acerca a la máquina o donde la máquina gobierna nuestros gustos y nuestro hacer, y aunque este apocalipsis no ha llegado y aunque yo quisiera creer que toda la revolución digital va a cambiar el mundo, en el fondo, mi lado pesismista está convencido que no vamos para ninguna parte. Miren, Europa (que se supone que es el “modelo”)  está en crisis. Parece que el dinero desde hace años ya no está sino en la ilusión de una nube económica que no está respaldada por monedas reales, así sus estados de bienestar son una ilusión que deja a Latinoamerica y demás países sin rumbo. (Por eso digo, Latinoamerica despierta! hay que tener listo un propio modelo y camino) Aunque nos indignemos muchísimo, aunque organicemos marchas mundiales y locales y se nos paren los pelos mientras las vemos en nuestro ordenador personal, no se cuando las cosas vayan a cambiar de verdad. De hecho, ¿cuando han cambiado en favor de la mayoría?

Porque si, también soy escéptica. Esta revolución digital es también un arma de doble filo. No se trata de hacer elecciones y campañas por twitter. O que el mundo entero vea que en cada país, no importa que tanta calidad de vida tenga o no, como se  protesta por la lucha de los derechos básicos de la mayoria, la salud, la educación, hasta la vida. Se protesta, con y sin violencia. Se alza la voz y se marcha diciendo ¡No mas! Han caído regímenes, para que se inicien otros seguro, caen reformas, para que otras se impongan, se detienen licencias para construir hoteles o para explotar minas para que por otro lado y mientras aquí estamos viendo las pantallas que nos bombardena a punta de Retweets y correos masivos esa información una y otra vez, se den otras licencias y otros negocios turbios se esten desarrollando, puras cortinas de humo.

En un país o una sociedad que no me ha dado nada, porque es mi familia y yo somos quienes hemos contruido lo poco o mucho que se tiene, es decir, una historia llena de afectos, recuerdos y buenos amigos,  los malos, que hoy es sobre todo esos que tienen el dinero por encima del pueblo y los derechos particulares sobre los públicos y comunes, encontrarán la manera de hacer de esa revolución, un arma contra nosotros.

Pienso inmediatamente en las historias que no vemos al usar masivamente todas las nuevos medios. Compramos nuevos aparatos una y otra vez sin pensar en los hombres que mueren en minas por allá en Africa, o mas bien cerca de nosotros en las tierras del Chocó por el tráfico del Coltan o los ríos envenenados por la minería. En lo ricos que se vuelven los accionistas y dueños de las corporaciones como Google o Facebook incluso Apple a punta de nuestros clicks y nuestra información vendida como herramientas de marketing para que nos sigan vendiendo cosas y mas cosas y mas cosas.

¿Que va a pasar cuando toda nuestra información se pierda, y no podamos recuperarla? La pregunta retorica ya, ¿si no sabemos donde está internet, donde estará entonces nuestra información?

Mientras tanto, muchas cosas bonitísimas pasan. Menos mal la vida es corta, y limitada. No me gustaría vivir muchos años para perder la esperanza que se vive por estos días, de cyberataques a las grandes y malditas corporaciones, de estudiantes indignados, de elecciones donde el voto en blanco gana sobre las trampas de los mismos políticos que se han quedado con nuestro dinero y dignidades. Donde tenemos comunidades en linea para re-encontrarnos, mirarnos, conversar y discutir. De verdades develadas y “transparencia” en la informacion.

Como todavía creo en eso, a pesar de mi pesismismo interno, lo que hay que hacer ahora es disfrutar.  (Porque si, todo evntualmente se irá a la mierda)

(Los links son lógicos, ninguna novedad)

jueves 10 de noviembre de 2011

American splendor y las últimas noticias


Han pasado muchas cosas en las últimas semanas (Y qué importa). Y acabo de ver American Splendor. Voy a ser vulgar y decir como cualquier ciudadano de a pie, que American Splendor es una gran peli. Yo no soy fan de los comics, debo decirlo pero a cualquiera que haya vivido los últimos 30 años en este mundo moderno de ciudades llanas y aburridas, o peligrosas y ausentes de superhéroes, o que haya visto televisión en la infancia, tiene que gustar de la peli. Y no voy a hacer análisis pendejos, como los que estoy aprendiendo en algunas de las clases a las que estoy yendo, si, varias de las tantas cosas que ahora ocupan mis tardes y algunas mañanas: “Serie y género”, “Literatura fantástica”, “Teoría de la novela”, “Storytelling”, “Introducción al teatro”. No, bajo ninguno de estos títulos académicos hablaría yo de American Splendor. Si puedo decir, y ni más faltaba, que tiene unos gráficos preciosos, y que las “estrategias” (lease, ya uso el lenguaje técnico) de narración son geniales. Me hubiera gustado verla hace un tiempo para copiarla vilmente y ahora que la vi, por favor le pido el favor a usted que me lee, si le interesa el asunto de contar historias, por favor, vea esta peli. Se podría ver una y mil veces y encontrar y descubrir cada truco, obvio o misterioso del arte de contar historias. Pero lo más importante de la historia es sin duda, no la técnica, sino el mismo asunto de contar historias. Harvey, un perdedor, como cualquier otro, como usted o como yo. Perdedores todos que nos esforzamos por contar el día a día. Lo cotidiano, “Ordinary life is too complex stuff”. Lo absurdo de la vida real. Lo absurdo de olvidar las llaves, como yo las he olvidado y usted también alguna vez. Lo típico. De lo que Murphy se ríe día a día. Lo que usted y yo maldecimos, lo que su novi@ le maldice. Lo que odia de su jefe. Lo que odia de su mejor amigo. Lo tonto de su mejor amigo. La lógica del ciudadano de a pie: “porque toca, toca!”. Un perdedor que cuenta su vida en Comic. Genial!


El comic. Yo no se nada de comic, ni de cine. Ni de nada, asi mi compañera de piso me crea cuanta bobada le digo. No se ni de literatura, ni se alemán aun. Tampoco se de vender zapatos y ahora los vendo en alemán a turistas rusos. La verdad, no se necesitan muchas habilidades para eso de poner los zapatos en orden y limpiar las mesas y las vitrinas. Poca mas bien. (Aunque debo aprender de memoria, que no tengo, el vocabulario: Absatz, Ballerina, Stiefeln und noch andere wörter, daran ich nicht mehr erinnern kann) Me mantiene ocupada, la cabeza, la loca de la casa en cualquier cosa, asi como cuando nado y me concentro en las burbujitas que salen en el agua cada vez que mis brazos se sumerjen y en los brillos de sol a través del agua golpeando los cuerpos de los nadadores ágiles que sobrepasan en belleza y rapidez.

En las noches, como no tengo internet en casa desde hace tres meses, veo una peli, o me fumo un cigarro, o echo chisme en la cocina. A veces hago una de las tareas que me dejan del curso de alemán, curso al que aun asisto hasta que haga el famoso examen, otras veces, leo tres párrafos en alemán, antes de pensar en cuanta bobada se me ocurra y mis ideas estén bien lejos, no solo de lo que leo, sino de mi habitación que se debate entre una calefacción de clima tropical o un congelador gigante.

A veces aun, escribo. Tengo como tres cuadernos para escribir, pero la verdad y tristemente, me gusta mas en este pc grande y pesado, que calienta y suena como una turbina de jet. Los cuadernos me acompañan a todas partes sin embargo, por si hay urgencia de escribir en cualquier lugar. Al computador por su parte aun le falta la letra Backspace. Tengo el repuesto para reemplazarla pero como no tengo internet, me han faltado agallas para ponerla a punta de sentido común.

La conclusión de vivir sin internet es que se hacen otras cosas mas interesantes en las noches de soledad. Es cierto que no estar conectada es la excusa perfecta para dejar de hacer cuanta cosa en internet se hace más fácil, entre ellas, mantener contacto con la gente del otro lado del océano. Pero es la excusa perfecta también para leer los libros aun no leídos, dibujar cualquier garabato, pensar una y otra vez, dormir, cocinar las recetas del invierno, escuchar atentamente a las canciones que me gustan. Me ayuda a tener mi cabeza y mi corazón conmigo, asi la verdad y en el fondo, yo ande dejando ambos en cualquier parte y con cualquier otro.

Eso de construir una vida de adulto lo lleva a uno siempre al asunto de la soledad. Cómo construir un mundo donde uno sea suficiente. Y nada, ni nadie mas lo sea. Entonces uno se pone a llenar los minutos de cosas, y cosas, y cosas. Actividades para uno. Uno para las actividades.

Pues si, ando construyendo una vida, de pronto temporal, pero quien sabe, hoy es eterno sin pensar en el ayer o en lo de mañana. Una vida, como decía, de pronto muy lejos de todo lo que aun está lejano. Quien sabe a dónde me llevarán estas olas. Por lo pronto, esa isla se ve lejana. Y lo que alguna vez fui y quise, también están lejanos. Se ven manchas y la niebla del horizonte las hace fundirse en el infinito. De pronto me veo las manos. Están conmigo y siento el corazón dentro de mi pecho. Que duelen ambos. Pero por lo menos los siento.  

sábado 5 de noviembre de 2011

Un cigarrillo que se apaga


Ella apaga su cigarillo. Le gusta fumar hasta el final, casi hasta que sus labios se quemen y sus dedos sientan el calor del fuego. Nunca le hace bien. ¿A quien le hace bien fumarse un cigarrillo? Probablemente a nadie. Pero ella no lo deja. Siempre un cigarrillo en la noche, mientras cruza sus piernas, enciende el fuego y aspira hacia adentro lo que dicen que es un veneno, y no es que ella esté en desacuerdo. Mira a la nada. Es la hora de la nada. Casi que como un examen de conciencia, mirando por la ventana o la pared desnuda al frente. Aun con la ventana abierta y a pesar del invierno que se aproxima, con el ruido de la calle, una calle principal pero solitaria por donde solo caminan los locos y los muecos. Y uno que otro carro que no planea quedarse ni parar por ahí. Aspira una y otra vez, esperando que sea el último cigarro, pensando... Pensando en la nada. O en todo. Que es lo mismo. A veces le gusta mirar entre las sombras de la ventana y su paisaje y volver a dibujar los contornos que la luz del día deja ver, imaginar cuantas ramas tiene el árbol y los perfiles del edificio del frente. Incluso imaginar la vida de los que no viven en los apartamentos de abajo, que están vacíos, como estuvo el suyo, alguna vez. Imaginar los que alguna vez vivieron ahi, donde ahora se fuma un cigarrillo.

Imaginar lo ausente, desear lo que no tiene. Una vida mirando atrás y adelante, pero no en donde sus pies están parados. Otra bocanada de humos sale por su boca. El humo, que ahora mientras se queda quieta como escuchando el silencio, va hacia arriba, como una linea ascendiendo, irremediable. Por jugar y con la otra mano, espanta el humo, como quien espanta los fantasmas y las telerañas. De la memoria. Por qué fuma a pesar de sentir el pecho pesado y el corazòn descuadrado con los ritmos en otros tiempos.

Siente culpa. Pero aspira de nuevo y observa el fuego que consume la linea incandescente del papel. Le gusta enrollar los cigarros asi sufran de anorexia o deformaciones producto de la torpeza aun con el asunto. La verdad no es una fumadora empernida ni una experta en el arte de pegar un cigarro. Solo fuma cuando los fantasmas se acercan y como con el humo hay que espantarlos.

Se acaba el cigarro y entonces lo apaga sobre el borde de la ventana. Al frente, una luz naranja en un apartamento. Detrás suyo en su cama solo hay soledad y lágrimas secas de noches frías. En esa ventana seguro hay caricias y sonrisas, también seguro gritos y acusaciones, porque no hay pareja moderna que no pelee como si fuera el fin del mundo por cualquier tontería cotidiana.

En su cama, o bueno, no en su cama, sino en la cama que estuvo alguna vez en el lugar de su cama, alguna vez hubo también soledades o a su pesar, trifulcas mañaneras llenas de sonrisas y besos.

Ahora quiere ir dentro de sus cobijas y apretar las piernas y mirar el techo alto que no dice nada, como nunca le dijo a nadie mas que lo haya mirada alguna vez. A veces piensa en el piso de encima en el que solo viven termitas y recuerdos que nadie recuerda.

Ella, la soledad y un cigarro. Ella y su sombra que ha regresado, un día cualquiera la descubrió en el baño, regresando mientras sus ojos buscaban la claridad de la luz amarilla que tanto odia mientras sus pies descalzos tocaban las baldosas frías y sus pezones despertaban por el frio entrando entre su pijama. Ahi la vió, la sombra, sin humo, clara y firme de nuevo a su lado y entonces sonrió y le dio la bienvenida, aunque arisca aun la sombra apenas se dejó tocar.

Y de nuevo la colilla ahi muerta en el bordito de la ventana. Y sus cobijas que no calientan sus pies frios ni su entrepierna sola. La colilla sola aguantando frio. Ella sola, esperando que el frio no la mate por la vulnerable soledad. Colilla y ella. Ella y la soledad.

Pero su sombra ha regresado. Regresa, de nuevo pensando en el último humo que salió por su boca como el último fantasma de lo ausente. Regresa y entonces aunque extrañe tanto, ya no es ella misma extraña.

Sola, pero menos sola.