A veces sale el
sol. Y cuando sale el sol veo la nubes. Hay nubes de todas las formas, pero es
la misma ventana la que miro. El cielo se pone azul y la luz del sol de
invierno es blanca blanca como una mañana eterna y luego amarilla suavecita
justo antes de que el sol se esconda. Y entonces es una tarde eterna, eterna y
lenta, pero que me trae la oscuridad a las 4 y que me deja ver los aviones y
sus luces en las noches, como avisando y recordando el viaje. Pasa uno cada dos
minutos. Pero estaba hablando de las nubes. Hay de muchas formas, sobre todo
unas que me gustan mucho que son como copitos de algodón regados en el cielo. Y
en las tardes eternas las nubes que dejan ver entre grises los rayos de sol
naranjas volviendose rosados. Pero eso en el invierno y desde mi ventana se ve
poco. Ahora trabajo. Hace mucho tiempo no tomaba las fuerzas para ponerme en un
proyecto propio. Me desean suerte, mas bien vencer el miedo. A veces me acuesto
sobre el piso de madera y cierro los ojos. No se cuanto tiempo pasa. Por mi
cabeza estan las mil y un veces que no me he parado de nuevo. Sin pensarlo me
levanto. Me duele todo. Es solo el miedo calando mi cuerpo y mi cabeza. Y
empiezo. Una foto tras otra. Un dibujo tras otro. Cuento los frames. Me monto
en la silla, muevo el trípode. Trato de concentrarme. Delete. Siempre hay ideas
mejores. Pero no puedo mostrar sino lo que he aprendido y lo que soy en medio
de mis límites. Soy todo lo que soy pero también soy los limites que trato de
cruzar. Nadie me dice cuidado, nadie me dice, recuerdalo, nadie me recuerda
como se mueve el mundo frame tras frame. Yo soy quien tengo cuidado, yo soy la
que recuerdo, la que me muevo, la que pienso mientras como cereal en la mañana
con los ojos casi cerrados haciendo fuerza en el alma para no quedarme entre
las cobijas y mis sueños. Voy en camino. No he llegado. Lo importante es seguir
caminando. Cuando llegue, será solo de paso. Luego sigue el camino bajo mis
pies.
Aun falta un
montón. Apenas estoy empezando y el plazo empieza a correr hoy. Puedo mirar
hacia atrás. Aun no se el por que de muchas cosas. Pero ya he subido
escaloncitos. Listas mayores con tachones importantes. I´m just walking, I keep walking,
like Johnny.
Estoy mirando una
ventana. Otra vez. Mi cuerpo es una falla en secuencia. Todo lo produce el
miedo, otra vez el miedo. El miedo a la vida. A la vida de la que me escondo cómodamente
una y otra vez. Si tan solo hubiera respondido preguntas fundamentales dejando
por fuera las circunstancias. Pero verdad! Solo se responden bajo circunstancias.
Uno es humano porque se contradice todo el tiempo. Y porque olvida lo que
estaba haciendo hace un parpadeo, hace unos meses, hace unos años. Sobre todo
los motivos. Y entonces me enfrento otra vez. A lo que he hecho y a la lo que
"quiero" tan convincentemente. Convencida ambas veces, contraindicada
ambas veces. Contradicciones, cabezas duras, terquedades y ojos ciegos. Abre
los ojos, que no estoy viendo mas allá de mi cabeza. Hay que sacar la cabeza
por la ventana, sentir el viento, oír el ruido de los carros, que las llantas
salpiquen el agua de la lluvia, que las hojas ausentes no suenen, que las voces
de los vecinos estén ausentes. Los paseantes no hablan, solo a veces, como cuando
están interesados en la conversación. Y como me siento encerrada, pataleo como
he visto patalear. He visto espejos, no sabemos a dónde vamos, ese túnel se
vuelve siempre y a cada vez oscuro y lo único que hacemos es patalear, como si
fuera la única condición posible. Observa, observo. Tengo miedo. Me duele el
pecho. Los ojos se cierran a la fuerza como queriendo no ver la verdad. Mi
cuerpo me pone un obstáculo mas grande que mi mente, ambos cómplices, ambos en
mi contra. Errática estoy mi mis 28 y el 2012 y el tiempo de una visa, me ponen
un reloj que me presionan mas. Quedarás solterona, sin patria, sin tierra, sin
empresa, sin profesión, sin amor. Móntate en esos trenes rápido! son los últimos!
Observar,
observar. No hablar.
Dicen que Berlín
es una ciudad que se mete debajo de la piel. Dentro de la mía está hace
tiempos. También me dijo hoy una berlinesa de chaqueta de cuero y 50 años, que
"Berlin ist eine öffentliche Stadt" .... "Du wirst ein Platz für
dich finden"
Se acabó el
romance. También el silencio. Será que podemos seguir con las negociaciones
para volvernos a enamorar de por vida? (así la vida sea solo un par de meses más?)
No quiero olvidar.
No porque quiera recordarlo... mas bien para no olvidarlo, lo quiero como punto
de referencia. Hoy estoy en un bosque profundo en el que me adentro caminando
con cautela, mientras las ramas de los árboles y sus raíces se turnan para
hacerme caer cuando quieran. El sol entra de a poco entre las copas y las
nubes. Estoy atenta como cazadora, sigilosa como cuando uno no quiere que se
despierte un oso feroz. No quiero olvidar lo que hay detrás del bosque para
saber mientras camino y en medio de la cautela que por fuera del bosque hay
mas, muchas cosas más que me pertenecen, como ese aire que me permite respirar,
ese aire que traspasa la espesura del bosque y llega hasta mis pulmones. El
aire no es del bosque, el aire viene de los días que han pasado del ritmo y la
vida misma. Vida que da más vida. Recuerdos que se reemplazan por otros. Recuerdos
que se borran, días que se olvidan con mas olvidos futuros.
Después de ser
viajera, el romance se acaba. Necesito aun el viaje. El viaje mientras las
burbujas, el viaje en el dragón amarillo, el viaje en el tren que parece de
juguete, el viaje en la autopista mientras los molinos de viento modernos me
hacen preguntarme donde estarán las dulcineas listas para ser salvadas por
caballeros errantes y sin objetivos, en un continente lleno de perdiciones y
falsas utopías de unidad y perfección moderna. El viaje entre los asíncrono de
los lugares. El viaje por las calles empedradas, las películas de los años de
las guerras, el viaje entre mis libros colombianos, el viaje en mi casa zombie,
el viaje como una vida. El viaje y yo, yo y mi viaje. Un viaje ya sin romances,
tan lleno de realidades subjetivas, de paisajes que dibujo con el lápiz chueco
y la punta roma. Borradores sucios que dejan marcas, pero que permiten seguir
dibujando. Caminos que se van haciendo a cada paso, pero ya no hay romance.
Todo es mas real. Mas racional. Nada de idilios. Este es el cielo gris que
escogí y si quiero permanecer aqui, aun
a pesar de su propia esencia opaca y sin brillo, el idilio se acaba: toca ir de
un lado a otro en pequeños viajes constantes, interrumpidos por idiomas
extraños, razones ajenas que hice propias, terquedades que asumo, porque quizás
es demasiado tarde de recuperar el camino de entrada a este bosque. Estoy muy
adentro y aunque el aire sea el mismo, ya se ha perdido el rastro. No queda
sino caminar y avanzar, así sea en círculos, en zig zag, armar un camino como
sea, para despejar algún día este bosque profundo. Llegar a un claro, llegar, porque
no he llegado. Mientras tanto me asomo al rayo de sol que supera las nubes
pesadas y grises pintadas con brochazos fuertes de un blanco muy sucio, miro
entre las copas de los arboles, respiro de nuevo el mismo aire, que es la única
evidencia de que estoy viva, que aunque el romance se haya acabado este es mi
aire, este es mi camino y que yo decidi adentrarme en ese bosque profundo lleno
de contradicciones.
Si, son dias del individuo re-socializado. Entretenimiento personalizado, pero conectado entre unos y otros. Ahora los que producimos entretenimiento, pensamos en como innovar. E innovar hoy significa ir a los gustos de cada individuo. Si. Los programadores, quienes son los nerds mas sexys y ricos de nuestra generaciones, se pasan los dias frente a pantallas haciendo las estructuras de programas y productos que se adapten a los gustos de cada usuario y consumidor. Ya no se trata de un sabor universal como la Coca Cola que se distribuya por el mundo entero sino de un solo concepto adaptado a miles de usuarios.
Aceptémoslo, estamos cerca de los mundos utópicos que la ciencia ficción predijo hace decádas. Mundos ademas apocalípticos, donde el humano se acerca a la máquina o donde la máquina gobierna nuestros gustos y nuestro hacer, y aunque este apocalipsis no ha llegado y aunque yo quisiera creer que toda la revolución digital va a cambiar el mundo, en el fondo, mi lado pesismista está convencido que no vamos para ninguna parte. Miren, Europa (que se supone que es el “modelo”) está en crisis. Parece que el dinero desde hace años ya no está sino en la ilusión de una nube económica que no está respaldada por monedas reales, así sus estados de bienestar son una ilusión que deja a Latinoamerica y demás países sin rumbo. (Por eso digo, Latinoamerica despierta! hay que tener listo un propio modelo y camino) Aunque nos indignemos muchísimo, aunque organicemos marchas mundiales y locales y se nos paren los pelos mientras las vemos en nuestro ordenador personal, no se cuando las cosas vayan a cambiar de verdad. De hecho, ¿cuando han cambiado en favor de la mayoría?
Porque si, también soy escéptica. Esta revolución digital es también un arma de doble filo. No se trata de hacer elecciones y campañas por twitter. O que el mundo entero vea que en cada país, no importa que tanta calidad de vida tenga o no, como se protesta por la lucha de los derechos básicos de la mayoria, la salud, la educación, hasta la vida. Se protesta, con y sin violencia. Se alza la voz y se marcha diciendo ¡No mas! Han caído regímenes, para que se inicien otros seguro, caen reformas, para que otras se impongan, se detienen licencias para construir hoteles o para explotar minas para que por otro lado y mientras aquí estamos viendo las pantallas que nos bombardena a punta de Retweets y correos masivos esa información una y otra vez, se den otras licencias y otros negocios turbios se esten desarrollando, puras cortinas de humo.
En un país o una sociedad que no me ha dado nada, porque es mi familia y yo somos quienes hemos contruido lo poco o mucho que se tiene, es decir, una historia llena de afectos, recuerdos y buenos amigos, los malos, que hoy es sobre todo esos que tienen el dinero por encima del pueblo y los derechos particulares sobre los públicos y comunes, encontrarán la manera de hacer de esa revolución, un arma contra nosotros.
Pienso inmediatamente en las historias que no vemos al usar masivamente todas las nuevos medios. Compramos nuevos aparatos una y otra vez sin pensar en los hombres que mueren en minas por allá en Africa, o mas bien cerca de nosotros en las tierras del Chocó por el tráfico del Coltan o los ríos envenenados por la minería. En lo ricos que se vuelven los accionistas y dueños de las corporaciones como Google o Facebook incluso Apple a punta de nuestros clicks y nuestra información vendida como herramientas de marketing para que nos sigan vendiendo cosas y mas cosas y mas cosas.
¿Que va a pasar cuando toda nuestra información se pierda, y no podamos recuperarla? La pregunta retorica ya, ¿si no sabemos donde está internet, donde estará entonces nuestra información?
Han pasado muchas cosas en las últimas
semanas (Y qué importa). Y acabo de ver American Splendor. Voy a ser
vulgar y decir como cualquier ciudadano de a pie, que American
Splendor es una gran peli. Yo no soy fan de los comics, debo decirlo
pero a cualquiera que haya vivido los últimos 30 años en este mundo
moderno de ciudades llanas y aburridas, o peligrosas y ausentes de
superhéroes, o que haya visto televisión en la infancia, tiene que
gustar de la peli. Y no voy a hacer análisis pendejos, como los que
estoy aprendiendo en algunas de las clases a las que estoy yendo, si,
varias de las tantas cosas que ahora ocupan mis tardes y algunas
mañanas: “Serie y género”, “Literatura fantástica”,
“Teoría de la novela”, “Storytelling”, “Introducción al
teatro”. No, bajo ninguno de estos títulos académicos hablaría
yo de American Splendor. Si puedo decir, y ni más faltaba, que tiene
unos gráficos preciosos, y que las “estrategias” (lease, ya uso
el lenguaje técnico) de narración son geniales. Me hubiera gustado
verla hace un tiempo para copiarla vilmente y ahora que la vi, por
favor le pido el favor a usted que me lee, si le interesa el asunto
de contar historias, por favor, vea esta peli. Se podría ver una y
mil veces y encontrar y descubrir cada truco, obvio o misterioso del
arte de contar historias. Pero lo más importante de la historia es
sin duda, no la técnica, sino el mismo asunto de contar historias.
Harvey, un perdedor, como cualquier otro, como usted o como yo.
Perdedores todos que nos esforzamos por contar el día a día. Lo
cotidiano, “Ordinary life is too complex stuff”. Lo absurdo de la
vida real. Lo absurdo de olvidar las llaves, como yo las he olvidado
y usted también alguna vez. Lo típico. De lo que Murphy se ríe día
a día. Lo que usted y yo maldecimos, lo que su novi@ le maldice. Lo
que odia de su jefe. Lo que odia de su mejor amigo. Lo tonto de su
mejor amigo. La lógica del ciudadano de a pie: “porque toca,
toca!”. Un perdedor que cuenta su vida en Comic. Genial!
El comic. Yo no se nada de comic, ni de
cine. Ni de nada, asi mi compañera de piso me crea cuanta bobada le
digo. No se ni de literatura, ni se alemán aun. Tampoco se de vender
zapatos y ahora los vendo en alemán a turistas rusos. La verdad, no
se necesitan muchas habilidades para eso de poner los zapatos en
orden y limpiar las mesas y las vitrinas. Poca mas bien. (Aunque debo
aprender de memoria, que no tengo, el vocabulario: Absatz, Ballerina,
Stiefeln und noch andere wörter, daran ich nicht mehr erinnern kann)
Me mantiene ocupada, la cabeza, la loca de la casa en cualquier cosa,
asi como cuando nado y me concentro en las burbujitas que salen en el
agua cada vez que mis brazos se sumerjen y en los brillos de sol a
través del agua golpeando los cuerpos de los nadadores ágiles que
sobrepasan en belleza y rapidez.
En las noches, como no tengo internet
en casa desde hace tres meses, veo una peli, o me fumo un cigarro, o
echo chisme en la cocina. A veces hago una de las tareas que me
dejan del curso de alemán, curso al que aun asisto hasta que haga el
famoso examen, otras veces, leo tres párrafos en alemán, antes de
pensar en cuanta bobada se me ocurra y mis ideas estén bien lejos,
no solo de lo que leo, sino de mi habitación que se debate entre una
calefacción de clima tropical o un congelador gigante.
A veces aun, escribo. Tengo como tres
cuadernos para escribir, pero la verdad y tristemente, me gusta mas
en este pc grande y pesado, que calienta y suena como una turbina de
jet. Los cuadernos me acompañan a todas partes sin embargo, por si
hay urgencia de escribir en cualquier lugar. Al computador por su
parte aun le falta la letra Backspace. Tengo el repuesto para
reemplazarla pero como no tengo internet, me han faltado agallas para
ponerla a punta de sentido común.
La conclusión de vivir sin internet es
que se hacen otras cosas mas interesantes en las noches de soledad.
Es cierto que no estar conectada es la excusa perfecta para dejar de
hacer cuanta cosa en internet se hace más fácil, entre ellas,
mantener contacto con la gente del otro lado del océano. Pero es la
excusa perfecta también para leer los libros aun no leídos, dibujar
cualquier garabato, pensar una y otra vez, dormir, cocinar las
recetas del invierno, escuchar atentamente a las canciones que me
gustan. Me ayuda a tener mi cabeza y mi corazón conmigo, asi la
verdad y en el fondo, yo ande dejando ambos en cualquier parte y con
cualquier otro.
Eso de construir una vida de adulto lo
lleva a uno siempre al asunto de la soledad. Cómo construir un mundo
donde uno sea suficiente. Y nada, ni nadie mas lo sea. Entonces uno
se pone a llenar los minutos de cosas, y cosas, y cosas. Actividades
para uno. Uno para las actividades.
Pues si, ando construyendo una vida, de
pronto temporal, pero quien sabe, hoy es eterno sin pensar en el ayer
o en lo de mañana. Una vida, como decía, de pronto muy lejos de
todo lo que aun está lejano. Quien sabe a dónde me llevarán estas
olas. Por lo pronto, esa isla se ve lejana. Y lo que alguna vez fui y
quise, también están lejanos. Se ven manchas y la niebla del
horizonte las hace fundirse en el infinito. De pronto me veo las
manos. Están conmigo y siento el corazón dentro de mi pecho. Que
duelen ambos. Pero por lo menos los siento.
Ella apaga su cigarillo. Le gusta fumar
hasta el final, casi hasta que sus labios se quemen y sus dedos
sientan el calor del fuego. Nunca le hace bien. ¿A quien le hace
bien fumarse un cigarrillo? Probablemente a nadie. Pero ella no lo
deja. Siempre un cigarrillo en la noche, mientras cruza sus piernas,
enciende el fuego y aspira hacia adentro lo que dicen que es un
veneno, y no es que ella esté en desacuerdo. Mira a la nada. Es la
hora de la nada. Casi que como un examen de conciencia, mirando por
la ventana o la pared desnuda al frente. Aun con la ventana abierta y
a pesar del invierno que se aproxima, con el ruido de la calle, una
calle principal pero solitaria por donde solo caminan los locos y los
muecos. Y uno que otro carro que no planea quedarse ni parar por ahí.
Aspira una y otra vez, esperando que sea el último cigarro,
pensando... Pensando en la nada. O en todo. Que es lo mismo. A veces
le gusta mirar entre las sombras de la ventana y su paisaje y volver
a dibujar los contornos que la luz del día deja ver, imaginar
cuantas ramas tiene el árbol y los perfiles del edificio del frente.
Incluso imaginar la vida de los que no viven en los apartamentos de
abajo, que están vacíos, como estuvo el suyo, alguna vez. Imaginar
los que alguna vez vivieron ahi, donde ahora se fuma un cigarrillo.
Imaginar lo ausente, desear lo que no
tiene. Una vida mirando atrás y adelante, pero no en donde sus pies
están parados. Otra bocanada de humos sale por su boca. El humo, que
ahora mientras se queda quieta como escuchando el silencio, va hacia
arriba, como una linea ascendiendo, irremediable. Por jugar y con la
otra mano, espanta el humo, como quien espanta los fantasmas y las
telerañas. De la memoria. Por qué fuma a pesar de sentir el pecho
pesado y el corazòn descuadrado con los ritmos en otros tiempos.
Siente culpa. Pero aspira de nuevo y
observa el fuego que consume la linea incandescente del papel. Le
gusta enrollar los cigarros asi sufran de anorexia o deformaciones
producto de la torpeza aun con el asunto. La verdad no es una
fumadora empernida ni una experta en el arte de pegar un cigarro.
Solo fuma cuando los fantasmas se acercan y como con el humo hay que
espantarlos.
Se acaba el cigarro y entonces lo apaga
sobre el borde de la ventana. Al frente, una luz naranja en un
apartamento. Detrás suyo en su cama solo hay soledad y lágrimas
secas de noches frías. En esa ventana seguro hay caricias y
sonrisas, también seguro gritos y acusaciones, porque no hay pareja
moderna que no pelee como si fuera el fin del mundo por cualquier
tontería cotidiana.
En su cama, o bueno, no en su cama,
sino en la cama que estuvo alguna vez en el lugar de su cama, alguna
vez hubo también soledades o a su pesar, trifulcas mañaneras llenas
de sonrisas y besos.
Ahora quiere ir dentro de sus cobijas y
apretar las piernas y mirar el techo alto que no dice nada, como
nunca le dijo a nadie mas que lo haya mirada alguna vez. A veces
piensa en el piso de encima en el que solo viven termitas y recuerdos
que nadie recuerda.
Ella, la soledad y un cigarro. Ella y
su sombra que ha regresado, un día cualquiera la descubrió en el
baño, regresando mientras sus ojos buscaban la claridad de la luz
amarilla que tanto odia mientras sus pies descalzos tocaban las
baldosas frías y sus pezones despertaban por el frio entrando entre
su pijama. Ahi la vió, la sombra, sin humo, clara y firme de nuevo a
su lado y entonces sonrió y le dio la bienvenida, aunque arisca aun
la sombra apenas se dejó tocar.
Y de nuevo la colilla ahi muerta en el
bordito de la ventana. Y sus cobijas que no calientan sus pies frios
ni su entrepierna sola. La colilla sola aguantando frio. Ella sola,
esperando que el frio no la mate por la vulnerable soledad. Colilla y
ella. Ella y la soledad.
Pero su sombra ha regresado. Regresa,
de nuevo pensando en el último humo que salió por su boca como el
último fantasma de lo ausente. Regresa y entonces aunque extrañe
tanto, ya no es ella misma extraña.
Alguna vez me dijeron, los mismos que me enseñaron mi oficio, que la mejor película que uno puede ver es en la que se ve la esquina del barrio donde uno creció. Claro que puede que esto solo sea un invento mío y seguro lo que me dijeron fue otra cosa y que la esquina que uno vió cambiar mientras pasaban los días nunca salga en los cines, y menos en Colombia. Pero digamos que cualquier esquina puede ser emocionalmente la que uno siempre vió y que al final el cine o la literatura mueven el espíritu ya sea por que le hablan a uno en el oído de sueños fantásticos que uno nunca ha vivido, o por el contrario, es el espejo donde uno se ve una y otra vez reflejado.
“Nunca en cines” lo terminé de leer en el puente que pasa por las vías del Ring en Schönhauser Allee. Lo compramos una mañana en medio del sopor del medio día en el centro de Cali, despues de una noche de esas que uno va a recordar entre el viche y la locura. Lo compramos porque el nombre de Andrés Burgos nos sonaba un poco, y apenas lo abrimos decía, “En Medellìn, Colombia hay un tipo que se llama Victor Gavirìa y hace películas.” y no precisamente porque nos guste Gaviria en exceso.
Cerramos la página, nos miramos a los ojos casi sonriendo y lo compramos sin pensar en los $15.000 pesos que costaba y que se salía del presupuesto de libros de no mas de $5.000.
Pues resulta que el Andrés Burgos tiene hasta twitter, y que estudió en la universidad de Antioquia como cualquier cristiano o mas bien cualquiera como nosotros: es decir era de carne y hueso. La primera conexión que hicimos fue sentados en las escaleras de la casa de nuestro amigo en Cali, leyendo en voz alta, como nos gustaba leer, haciendo las interrupciones precisas para contarnos una cosa u otra que se ocurría mientras pasaban las páginas del relato del niño con la cabeza mas redonda de la clase en el primer dia de colegio.
Recordamos entonces “Mi Familia mía” que el Hombre Kasette había reseñado sobre Camilo Uribe, el personaje principal de esta historia de “Nunca en cines” y se nos iluminaron los ojos y luego cerramos el libro y seguimos el viaje y la vida y el libro vino conmigo hasta el otro lado del océano, para suspirar cuando lo cerré y llorar por un ojo, porque el otro no me llora.
Entonces “Nunca en cines” es una conversación llena de recuerdos de una tarde de cervezas en cualquier parque, solo que en un libro. Igual a como cuando te encuentras con un amigo de hace muchos años y te cuenta la historia que le cambió la vida. Me reí a carcajadas sola con mis zombies imaginarios que viven conmigo, con las cosas absurdas de Camilo y de Andrés en México y preguntándome por el oficio que escogí cuando salí de la universidad y que a veces parece escogido al azar. Me reflejé con Andrés y con Camilo entre sus diferencias y sus coincidencias y en mis amigos y mis amores con quienes he compartido el oficio, el de contar historias y hacer películas y ver y ver y ver y ver. Un oficio que pareciera que no ejerzo, del que no hablo, del que me escondo, de la máquina absurda que es el hacer de la televisión, que no deja respirar, esa vida acelerada que encontré en Camilo salvando el mundo, salvando su vida del tiempo, que no da tiempo, precisamente, de pensar; o escondiéndome del monstruo que es el oficio como una deuda, que uno no ha pagado, amenazándolo a uno con el tiempo y las ideas gastadas sin pies ni cabeza.
Y apunté en las esquinas del texto lo que me gustaba y lo que iba pensando, como pensando en esas tardes de lecturas juntos, y pensando en mis deudas contigo en si habría alguna. Si.
Luego vi “Gajes del oficio” y me pareció genial. Y luego seguí leyendo temiendo lo peor, porque ya sabía lo que iba a pasar y lloré otro par de veces quizás porque yo también tengo un muerto en mi haber, un muerto que se lo llevó la vida antes de tiempo justo, porque como Camilo, vivió mucho, mucho, como muchas vidas juntas.
Y recordé el último pedazo de torta de mi muerto, mi papá, que se comió en la madrugada en que murió, cuando Camilo se tomó una última Cocacola. Y entendí que uno tiene que escribir también para despedir, para saldar las deudas, para quedar tranquilo.
Pensé en enviarte el libro a cada página que leía. Al fin y al cabo fue una compra de los dos. Que volviera a cruzar el Atlántico con mis páginas rayadas y mis anotaciones al margen. La verdad solo pensé en nosotros y en mi, y en nosotros una y otra vez. Luego abandoné la idea temporalmente, pero no te asombres que un día llegue un libro, lleno de apuntes y rayones, porque puede que un día en medio del delirio, lo ponga en un buzón amarillo de correo alemán.
“….Pero eso no es mas que una fantasía que albergo, en la que un final feliz, sin fisuras, como de pelicula ideal o de cuento de hadas, me liberara de caminar descalzo que tiene la vida, en la que no existen remedios mágicos inmediatos y que con frecuencia nos entrega mucho menos de lo que pedimos a traves de las soluciones incompletas a las que no nos queda otra opcion que acomodarnos sin derecho a regateos ni protestas.”