Solo pensamientos, historias por escribir para que luego no las olvide. O solo para sacarlas de la cabeza...
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martes, 1 de marzo de 2011

Y donde vivo yo?



Viaje muchos kilometros para tener mi casita. Donde este mi desorden, donde yo tengo que cocinar, barrer, aspirar, lavar el baño. Esta muy bien, porque es mi primer hogar, asi aun no sea del todo independiente, donde tengo que cuidar de mi y un poco de mis amigos, los que viven conmigo. Construyo una guarida, me acostumbro a un barrio, camino unas calles. Esta es mi casa, este es mi barrio, asi lo sea solo por unos meses mas. Llegue a el en noviembre y nos iremos en junio. Pero es mi recorrido casi diario hasta mi guarida, hasta donde elegí desde vivir hasta morir cada dia cuando el sol se esconde. Donde me protejo de mis fantasmas, de mis miedos, donde los cultivo en las tardes de hacer nada, en mis medios dias de pasear por las mismas calles, que muestran siempre novedades y donde yo siempre sere una extraña, como todos los que veo en la calle. Vivo en Grimmstrasse, la calle de los hermanos Grimm, en la soñada Berlin, en el alternativo y precioso Kreuzberg.

Otro dia les muestro el interior de la guarida. Hoy, mis calles, mis pasos.

jueves, 13 de enero de 2011

El poder de la aspiradora



Bendito el día en que a la ama de casa le regalaron este invento: una aspiradora.

Permitió que la mujer se levantara del suelo de limpiar el piso y lo hiciera ahora y en ese entonces, viendo la tv, cantando y bailando, cargabdo un bebe o leyendo un libro. Probablemente fue ese invento tan maravilloso que les hizo levantar la mirada hacia la ventana a la casa del vecino para enamorarse de su hijo o del jardinero, o tal vez les dio la curiosidad para preguntarse el por qué de las cosas e ir a la universidad. (Quizá también sea la culpable del feminismo, del movimiento machista, de las mujeres superpoderosas y de los lavaderos de carros a 10mil)

Yo recuerdo las aspiradoras de mi casa entapetada, daban miedo a que se comieran mis muñecos y sin duda no eran útiles para la plastilina pegada en la alfombra. Mi mama algun dia compró una super aspiradora de millón porque a la bendita no le faltaba sino cantar: de filtro de agua, limpiaba cualquier superficie de forma absolutamente eficiente. Colchones contra los acaros, esquinas, muebles, carros.

Con el tiempo y hasta que uno no se vuelve adulto y se va de casa no entiende semejante extravagancia, porque a lo mejor no es uno quien barre lo necesario o porque no tienea la plata y no es su casa: que debería haber una ley en nuestras leyes que protejan a las mujeres de barrer y la aspiradora haga parte de la canasta familiar. (a pesar del consumo no eficiente de energía)

Hasta que uno no se encuentra dia a dia con el polvo el suelo, la arena que traen los zapatos, la mota misteriosa de polvo que se forma en el piso, como si el polvo cósmico se acumulara solo en mi apartamento, hasta ese entonces no disfruta uno con una aspiradora extravagante de tres años de garantia y muchos euros pero que se paga
cada dia que por su tubo se siente que entrar las piedritas y los papelitos y se siente ese tintineo que significa el exterminio de todo ese mugre y luego o al mismo tiempo por ahi se van los pelos y la mota invasiva sin dolor ni dolores de espalda y yo siento el tintineo como cosquillas de felicidad.

Y ahi viene su poder mágico, pues entonces no quiero soltarpa y quiero eliminar todo el polvo de toda la casa como mejor estrategia de procastinacion: si ese es el poder de la aspiradora hoy y si ahora hay teléfonos capaces de volar avioncitos, a nadie se le ocurra ponerle internet a la aspieadora!

martes, 27 de octubre de 2009

La cocina


La casa estaba oscura. Me gusta a veces cuando estoy sola en esta casa grande, andar con las luces apagadas y seguir sintiendo el vacío al ritmo de mis pasos.

La cocina de mi casa es como el centro de comandos. Ahí llego cada vez, saludo, descargo, tomo algo. Prendo la TV, me siento un rato. A veces paso de derecho, pero solo a veces. La cocina es donde esta el olor a casa, donde Nena hace las delicias, donde Nena nos da todo su amor, nos espera para contarnos los días que ocurren entre los platos y las vueltas. Cuando era chiquita los butacos eran altos y ahi comiamos los cuatro a las 6 de la tarde. Pasé tardes haciendo tortas de chocolate, chupándome los dedos que untaba con la masa mientras era batida, mientras probaba la harina primero con agua, y luego con huevos y luego con la esencia de vainilla, luego chuparse las paletas de la batidora y esperar el olor del horneado.

Luego buscando recetas para el día de la madre en los libros gordos que compramos en el semáforo, traduciendo ingredientes, mirando la despensa a ver que faltaba para la receta.

Y ahora, cuando estoy a oscuras y sola, me gusta bajar a cocina y sentarme a trabajar en la mesa donde todas esas cosas bonitas pasaron, donde me siento acompañada por el chocolate hirviendo y los panes calentándose.

Y aunque la cocina de mi casa tenga mis 26 años, ya este pasada de moda, el mesón este despintado la cocina de mi casa me gusta mucho.

Nunca la habia visto con la luz apagada. Se ve muy bonita.

jueves, 27 de agosto de 2009

Armar un mueble

Desde que conozco a mis papás, o sea toda la vida, ellos han armado sus propios muebles. Me acuerdo de mi papá taladrando las paredes a las 11 de la noche cualquier día para reorganizar las repisas de la biblioteca. Luego mi mamá tomó clases de carpintería, luego con mi papá hicieron mueble tras mueble armándolos para la biblioteca, el estudio y el taller de carpintería. Homecenter era como el paraíso donde mi papá realizaba sus sueños de ser un señor armamuebles. Cuando el se murió, le escribí una carta diciéndole, entre otras cosas que le había faltado enseñarme bien como era el asunto del taladro. Nunca me dejaba terminar de hacer un hueco porque siempre quedaba chueco. Porque no tenía la fuerza, porque claro, el lo hacía mejor. Y ya sin el, no hubo mas remedio que cada vez que fuera necesario, tomar el taladro, medir la broca con el tornillo, con el chazo, medir la pared y hacer los huecos haciendo mucha fuerza. En la universidad hice muebles, ventanas, formaletas, montajes, desmontajes. Casi siempre alguien me ayudaba, pero por lo menos nunca me varaba. Luego en Punto Link, soy la niña del taladro, del nivel, el metro y el martillo. Y mi mamá por su parte aprendió mucho, en sus clases y de mi papá. Es una dura: ella sabe las técnicas, sabe que funciona, que no, cuanto material se necesita, cual es mejor, y dónde se compra más barato. Habrá que imaginarsela, haciendo lo que hizo hace poco, caminando por todo Cisneros de un lado a otro, buscando unos tubos, cual carpintera de cartera.

Pues, le pedí el regalo de un nuevo escritorio. Lo compramos en Makro, el mas barato y el mas sencillo, por tal el más funcional. Y lo armamos. Vealo, me verá en pijama de insectos y verá a mi mamá en todo su esplendor carpintérico. Y al final, mi nuevo espacio de trabajo.