Solo pensamientos, historias por escribir para que luego no las olvide. O solo para sacarlas de la cabeza...
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miércoles, 4 de julio de 2012

Ruinas al viento



El aire carga lo que el viento con el soplar de los días arrastra desde hace milenios. El viento se ha encargado de ir acabando todo lo que alguna vez estuvo habitado por una raza inteligente, pedacitos de materiales rocosos, para construir ciudades, como en esa época eran llamados los asentamientos de la especie en grupos mas o menos homogéneos. Eso dice la arqueología moderna, una ciencia que se ha encargado de descifrar esa especie desconocida para nosotros pero que parece con la que tenemos algún tipo de conexión biológica, si es que de biología nos queda algo. No podemos decir que somos las misma especie que evolucionó hasta nosotros, si sabemos que la evolución fue una mentira que esa especie, alguna vez inteligente, se inventó para poder conquistar la tierra y unos a otros como si fueran gigantes pisando enanos. El aire es espeso,  no se cómo mas podría ser el aire, más que esa espesura blancuzca es como un hielo tibio, ya que el sol, esa estrella lejana está a punto de morir.

 Nosotros no somos humanos. Ya no sentimos como los humanos, aunque a mi ese olor frio y tibio me da una nostalgia, quizás como prueba de un vínculo lejano entre nosotros y ellos que ha permanecido por siglos. Pero es solo nostalgia. Es lo más fuerte que puede darnos porque no sentimos amor, ni tampoco odio, como ha demostrado la telepatía histórica que sentían los humanos a cada momento y sin poder alejar su inteligencia de lo que ellos llamaron corazón. Así que ese aire nostálgico, no es producto hoy más que de los restos que se lleva el viento. En el horizonte, aunque no se vea muy bien exactamente donde empieza o termina, están esas ruinas. Se cree que fueron alguna vez motores que hubieran puesto los hombres para poder huir con el planeta y todo, del desastre que se avecinaba. Eso lo dice, de nuevo, la telepatía histórica. Hoy, esas ruinas, permanecen quietas e inmóviles aun cuando el viento logra con su fuerza superar la del óxido y la corrosión mientras producen un sonido ensordecedor de bajas frecuencias que nuestros oídos no soportan y por lo tal, hemos empezado el desarrollo no estructurado de un plan para el desmonte de esos monstruos que dibuja el horizonte cuando este se deja ver. Pareciera que el horizonte fuera el final del desierto que se adelanta a mis ojos y esas varas altas, casi robots muertos, las cercas que delimitaban lo que alguna vez los humanos llamaron propiedad privada, como si la tierra perteneciera solo a unos pocos.

Yo sigo despacio mi camino, mientras los veo a lo lejos. Me imagino, esos hombres tratando de alcanzar la esfera celeste, a punta de estos motores, tratando de huir del desastre que tenían destinado desde el inicio de su historia.

Yo sigo mi camino. A lo lejos quedan los motores que se mueven ahora solo a veces y menos mal con el viento hielo y tibio de color blanco que borra el horizonte y que arrastra los pedacitos de lo que alguna vez construyeron esa especie conocida alguna vez como humana. 

domingo, 16 de mayo de 2010

La marcha fúnebre para la muerte

"La marcha fúnebre atraviesa lentamente las calles adoquinadas del pueblo. Las señoras con sus trajes negros y sus pañuelos de encaje lloran al difunto y los hombres con su traje de noche sudan a chorros el calor del mediodía. El muerto, delante de todos estaba siendo sostenido por 4 hombres. Eran desconocidos, también el muerto, pero todo el pueblo como era de costumbre, acompañaron al cuerpo y al alma hasta su tumba en el cementerio principal. Este es un pueblo legendario. Sus habitantes esperan la muerte y viven con ella todos los días. Las fiestas son los funerales en los que el evento principal es el entierro pues según ellos, es e acto en el que se consuma la separación de la vida en el mundo material y se va finalmente al anímico. Le rinden culto, no a las ánimas, sino al proceso mismo de la muerte, al agonizar de los ancianos y mejor aún los jóvenes. Es un pueblo lejano, por su territorio y por su edad cronológica. No se sabe si un pueblo adelantado o atrasado en los siglos, pero si se sabe que existe.

El muerto de turno había llegado hacía poco al pueblo y no había establecido relación con ningún habitante. Pero como esto era común en el pueblo su gente ni siquiera se preguntó quien era el hombre. En cambio, este había llegado al pueblo preguntándose qué y quienes eran los habitantes de ese mustio lugar. Al llegar, la bruma de los cuerpos en descomposición llegó a adormecerlo. Las miradas misteriosas y esquivas de la gente lo cautivó tanto, que el tiempo de paso se convirtió en algo no tan temporal, porque la curiosidad en los foráneos en este pueblo es algo muy común. Así que este hombre desconocido, todavía, se quedó un tiempo mas de lo esperado. La gente del pueblo, también, acostumbrada a estos hechos, sabía que el tiempo indefinido de su estadía iba a estar determinado por el pan de cada día, es decir por los hechos ineludibles".

Lo escribí hace por ahí 10 años. Lo recuerdo mas bonito y lo leo mas horrible. No se siquiera si esta terminado, recordaba otro final, es mas otra historia. Yo creo que le falta una pagina. No importa. Es mejor que esas palabras se queden en este blog, que en una hoja guardada en una caja. Si yo creo que no está terminado, pero es bonito recordar que antes de que muchas cosas pasaran yo ya pensaba en eso de la muerte y de irse de este planeta y del dolor, y que en algun lugar eso no tenía porque ser doloroso. Eran otros tiempos, y eran otras ilusiones las que pasaban por mi cabeza.

jueves, 13 de agosto de 2009

Fila de carros


Construímos ciudades enteras para tener mas calidad de vida. En las ciudades podíamos construir comunidad. Hacer intercambios, crecer, desarrollar, tener una vida. Todo porque en esas ciudades donde íbamos a conseguir dinero íbamos a vivir mejor.

Llevan esperando unos minutos, muchos minutos para llegar a casa. Sentados esperando en sus carros con los vidrios cerrados, mientras yo camino bajo el sol de la tarde, un calor infernal, pero con los pies en la tierra, el ruido en los oídos. Todo lo que han hecho ellos para vivir mejor, y así pasar la tarde atascados en una fila de carros, cansados, agotados, inmóviles, somnolientos. Se están perdiendo del viento y el sol en la cara. Y yo estoy oliendo el smoke de sus carros. Mientras el sol cae sobre la loma, me asomo a ver donde esta el sol, un perro como el de la mascara corre tras su dueño, que no es la mascara sino un caregringo pelirrojo. Los niños del frente salieron del colegio. La monita pelicortica se para y se sienta, mientras todos gritan cosas que yo no escucho porque tengo mi música en los oídos, encienden un cigarro, la otra niña se peina frente al espejo, se echa polvo en la cara, la monita se arregla el pantalón, se arregla las tetas pequeñas, uno de los niños le da un beso de esos adolescentes (Tipo Kids) con tantas ganas a otra niña con uniforme.

El perro del caregringo conoce otro perro, el de una señora que seguro sale con Paco, así lo puse, todas las tardes por el parque. Paco, y el perro del caregringo salen juntos corriendo por el parque, entre los árboles, escarban, Paco huele al caregringo, digo a su perro, lo huele por todas partes, y no se si el perro del caregringo de pronto es una perra.

La monita pelicortica es muy bonita. Si yo hubiera sido rebelde de niña hubiera sido monita pelicortica. Hubiera sido muy guapa. Paco y el perro del caregringo espantan pájaros. El sol ya no llega hasta donde estoy, esta muy abajo y muchos arboles tapan su luz. Siempre que el sol amarillo de la tarde deja de caerme en la cara, siento cierta desazón, hay un gritito adentro, que dice ¡Hay! Un miedo terrible a la oscuridad de la noche, un instante que se pasa, con ver el reloj, pensar en lo que sigue.

Paco se va con su dueña, el caregringo se va con su perro y su amigo y su mochila aruhaca, con la coca del agua pal perro. Yo me paro de la silla, con la música en mis oídos, mientras los chicos, se van yendo a buscar aventuras adolescentes, de pronto una orgía, una borrachera, o solo sus casas. La monita le da un beso a la otra niña de uniforme. La abrazó y salen caminando.

Y yo, que no tuve amigas lesbianas, ni colegio mixto, digo: ¡¡¡¡Estos muchachos!!!!. - (Con una sonrisa de satisfacción en mi cara)

Y sobre la calle, la misma fila de carros, con los mismas caras cansadas.