Solo pensamientos, historias por escribir para que luego no las olvide. O solo para sacarlas de la cabeza...
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lunes, 5 de noviembre de 2012

The fool on the hill




Ya no me acuerdo cuándo fue exactamente. Me acuerdo de una tarde fría de primavera, tal vez verano, queríamos el punto más alto de Londres para ver el atardecer. Estábamos los que éramos en ese entonces, desconocidos y conocidos que una ciudad pone juntos y revueltos para pasar días para sobrevivir a la distancia y a la soledad. Había sido una tarde loca y la colina era lejos, muy lejos. O así me pareció. Nos montamos en cuanto tren pudimos y desde allí con el viento en la cara el tiempo pasó despacio mientras las nubes iban lentamente cambiando su forma y sus colores y la ciudad abajo iba prendiendo lucecitas una a una como en un juego, para ayudar a la oscuridad a ver mejor. En el mismo lugar muchos años antes, en la misma colina, estaba Paul, según cuenta la leyenda y mientras buscaba a su perra Martha, vio un hombre de traje, solo un momento o un Augenblick como dicen en alemán, cruzaron un saludo, pero después el extraño hombre desapareció. Dice la leyenda que en esa colina, Primrose Hill, nace la canción que Paul escribió después, The Fool on the hill y que yo en mis días de invierno temprano he descubierto mientras observo el gris de las nubes que cambia mostrando una increible variedad de grises nunca antes vista ...Sees the sungoing down , And the eyes in his head, See the world spinning around.. . Y miro las nubes, como las miré ese día y pienso en el mundo como el The fool, y veo la luz del sol que se mueve rápido en mi cuarto, las nubes corren rápido una detrás de otra y no despacio como esa tarde de esa primavera y quién sabe si cómo Paul ese día las vió. The fool parece ser el extraño señor de Primrose Hill, donde una vez yo estuve viendo el atardecer, después de caminar esa Londres que como un espejismo se esfuma apenas uno la quiere tocar. Y mientras The Fool suena como un mantra, mi mente va lejos en la memoria, al olor de la madera del techo, al sonido del disco en el tocadiscos, a la voz gruesa de mi padre, a las tardes de domingo y mucho sol.


La misma colina, una canción y mis recuerdos en los días grises que pasan por la ventana. 

viernes, 2 de septiembre de 2011

Un adiós obligado.




Cada cosa trae un recuerdo. Uno quisiera quedarse aquí muchos días, para recordar cada cosa, para despedirse de todo y de todos. Pero no. Son días contados, recogiendo recuerdos como en emergencia, llorando como por última vez. La cenefa pintada a mano con un stencil lleno de risas y tardes. Las ventanas una ganga producto de un mal negocio de un vendedor. Una casa grande, sobre una más chica. Una piscina, donde hubo fiestas, reuniones, o sólo noches tranquilas y estrelladas mientras los murciélagos escapan de los obstáculos.


¿Qué significa una finca? Esta, Finca Maria Paula en Doradal, Antioquia, el centro de Colombia, significa muchas cosas. Significa mi papá. Significa una historia. Significa una familia. Un sueño.


Dicen las fotos, y los recuerdos que llegamos a un peladero. Luego se fueron construyendo pocas cosas. Yo recuerdo que viajabamos de un dia a otro. Recuerdo, el sonido de las chicharras, y las luciérnagas capturadas en un tarro. Cuando hubo una casa más grande, la primera para nosotros, de una cocina diminuta, y dos cuartos apenas, llegamos con un trasteo gigante: camas tubulares rojas, colchones, angeos para las ventanas: había que armarlo todo en cuestion de un dia. Mi papa traía consigo unos cálculos y muchos dolores, y sin embargo armamos cada cosa. Era la ilusión, de la finquita, de la tierrita, de las vacaciones juntos, de armar entre todos este lugar. De pronto esta finca nos deja una lección la cooperación. Esto fue construído por los afectos de cada uno. Pero también por el trabajo de cada uno y sus recuerdos. Cuanta felicidad de mi papá y mi mamá a cada vez que corriamos entre los árboles jugando y gritando cuanta cosa se nos ocurría. Jugando con la víbora-manguera. Recorriendo los sembrados con las frutas exóticas que para nosotros existen desde siempre. Yendo a ver el ganado. Brincar la cerca, pasar el alambre de puas. Montarse en un táparo e intentar cabalgarlo. O acostarse bajo el sol. Como si el sol no fuera a volver a salir con su energía nunca mas. Llegar cada temporada y armar todo de nuevo. Sacar las cosas, poner la finca bonita solo para nosotros. Era como una muñeca a la que se engalana para el juego.



Yo recuerdo mis rincones llenos de lecturas. Mis siestas interminables. Mis tardes de pintura. La música en mis oidos. La chicharra que explota a cada tarde. Los pájarons bullosos que deshojan los árboles. Los almendros, mis árboles favoritos que se extienden como si su única mision fueran dar sombra y protección. Recuerdo a mi abuelo. Recuerdo a mi papá. Recuerdo a mi mamá y su valentía. Recuerdo las noches de juegos en que jugando parqués terminaba en gritos y furias por no saber perder. Claro que todo estaba precedido de risas y carcajadas, de los trucos que mi papá nos enseñaba para la vida, mas que para el juego. Recuerdo las noches de tormenta y a mi papá asomado con la linterna en la oscuridad y entre los rayos y centellas. Quiero llorar. No se como despedirme de una vida entera. No se que hacer con todos estos recuerdos. No quiero despedirme de esta historia. Pero se que hay que hacerlo. No quiero imaginar este lugar habitado por cualquier persona.


Pero supongo que es la vida, la que nos obliga a dejar todo fluir. Cuando se ha avanzado en el camino, si un pie se queda atrás, el caminante no puede continuar. Supongo que esto es mover el pie hacia adelante. Y dejar que alguien mas camine por aquí.

 Este lugar tiene una energia muy bonita. Es justo que nos llenemos de ella de nuevo. Para llevárnosla siempre en el corazón.

(Escrito en un fin de semana de despedida)

domingo, 16 de mayo de 2010

La marcha fúnebre para la muerte

"La marcha fúnebre atraviesa lentamente las calles adoquinadas del pueblo. Las señoras con sus trajes negros y sus pañuelos de encaje lloran al difunto y los hombres con su traje de noche sudan a chorros el calor del mediodía. El muerto, delante de todos estaba siendo sostenido por 4 hombres. Eran desconocidos, también el muerto, pero todo el pueblo como era de costumbre, acompañaron al cuerpo y al alma hasta su tumba en el cementerio principal. Este es un pueblo legendario. Sus habitantes esperan la muerte y viven con ella todos los días. Las fiestas son los funerales en los que el evento principal es el entierro pues según ellos, es e acto en el que se consuma la separación de la vida en el mundo material y se va finalmente al anímico. Le rinden culto, no a las ánimas, sino al proceso mismo de la muerte, al agonizar de los ancianos y mejor aún los jóvenes. Es un pueblo lejano, por su territorio y por su edad cronológica. No se sabe si un pueblo adelantado o atrasado en los siglos, pero si se sabe que existe.

El muerto de turno había llegado hacía poco al pueblo y no había establecido relación con ningún habitante. Pero como esto era común en el pueblo su gente ni siquiera se preguntó quien era el hombre. En cambio, este había llegado al pueblo preguntándose qué y quienes eran los habitantes de ese mustio lugar. Al llegar, la bruma de los cuerpos en descomposición llegó a adormecerlo. Las miradas misteriosas y esquivas de la gente lo cautivó tanto, que el tiempo de paso se convirtió en algo no tan temporal, porque la curiosidad en los foráneos en este pueblo es algo muy común. Así que este hombre desconocido, todavía, se quedó un tiempo mas de lo esperado. La gente del pueblo, también, acostumbrada a estos hechos, sabía que el tiempo indefinido de su estadía iba a estar determinado por el pan de cada día, es decir por los hechos ineludibles".

Lo escribí hace por ahí 10 años. Lo recuerdo mas bonito y lo leo mas horrible. No se siquiera si esta terminado, recordaba otro final, es mas otra historia. Yo creo que le falta una pagina. No importa. Es mejor que esas palabras se queden en este blog, que en una hoja guardada en una caja. Si yo creo que no está terminado, pero es bonito recordar que antes de que muchas cosas pasaran yo ya pensaba en eso de la muerte y de irse de este planeta y del dolor, y que en algun lugar eso no tenía porque ser doloroso. Eran otros tiempos, y eran otras ilusiones las que pasaban por mi cabeza.

sábado, 8 de mayo de 2010

De recuerdos de 15 años y cualquier otro dia

Una mañana soleadada, 8am, y el reloj con su segundero, tic, tac, en el oído. Luego una radio a todo dar, y la firme convicción de preferir la obligación y la voluntad al placer de dormir bien acompañado y demás. Un tarde preciosa, mi amor, un sol amarillo sobre nuestros rostros y sonrisas, y yo puedo apostar que podríamos ser los mas felices del mundo, en ese segundo, un cielo azul profundo, una montaña hermosa, ahi juntos, sin mas pretensiones que ese segundo. Cada segundo que aprendo, cada segundo que aprendí a vivir asi. Correr, caminar rápido, el metro, lleno pero sentada, hora pico. Recordar las calles horribles, mirar a todo el mundo con sospecha, no es divertido el centro asi. Me duelen las piernas y el cuello de hacer fuerza. Hace mucho calor, camino tan rápido como la gente me permite, luego en casa, descanso, una ducha fria , bien fria, que me quita el calor, asi me tuerza algún dia. Y manejar, en la noche no me gusta, me hace falta la luz del dia. Y unos abrazos debidos, y un cariño no manifestado, y un par de lagrimas no lloradas, porque es una fiesta de 15 y recuerdo la mia.

Donperignon. Un brindis. Una camisa blanca Naf Naf, pantalon azul de flores brocadas, unas cuantas amigas, unos amigos prestados, un brindis grabado en una cinta no en mi memoria, cualquier foto, una serenata. 15 años. Hace muchos años, tiempos felices, tiempos monos, y falsos. Un papá. Un papá brindando conmigo, un bogote sentido en el abrazo, un abrazo gordo, porque eramos gordos.

Hoy el hubiera querido estar ahi. La chica como una tercera hija, una nietecita, el un buen pupilo, su gran amigo. Ella era alguna vez una gorda mona preciosa en bikini que sonreía, y vivía con una cobija en la mano. Ya estoy vieja, ella ya es grande y yo sobre todo me sigo comiendo el cuento de ser grande a los 15.

15 años. Odie tenerlos. Así sonriera, y me vistiera la para la ocasión una y otra vez. Una vez lloré y me rompí las medias veladas, mientras el pelo se encrespaba y no había nada mas para hacer. Vestidos ala medida, nunca preciosos, la costurera no los hacía así. Solo mediocres, vestidos a la medida de una adolescencia infantil, pretendiendo ser lo que no se es.

Fotos de la familia feliz. Muchos años ya tomando una bonita foto de ellos sonrientes, niños ya jóvenes, ellos ya envejeciendo. Y yo ahí en el medio. Detrás de una cámara, una sonrisa lagrimada, y muchos recuerdos.

martes, 6 de abril de 2010

Eso de mirar a la nada

Siempre ha habido un calendario detrás de la puerta. Y nunca por supuesto, está en la página del mes que corresponde al mes que estoy cuando lo miro. Sobre la ventana siempre ha habido una colección de buhos que de niños adorabamos y sobre la mesa su foto. Claro que esa no ha estado desde siempre. Solo desde hace unos años. Yo estaba empezando a estudiar fotografía y era un día de la madre. Un domingo de esos en los que las familias se reunen a pesar de la pereza de hacerlo, una felicidad mal disimulada, pero una grata comodidad de estar jutnos. Ya había pasado el almuerzo y el se acostó en el sofa. Ese día tenía la camara Canon AE1 la que el había usado algna vez, y un rollo blnaco y negro en el carretel. ISO 100. Luego cuando revele la pelicula muy pocas fotos habían salido. Por supuesto esta no es su mejor foto, pero es la foto que yo le tomé.Y que luego en un marco que yo pinté, le regalé. Todo en pasado perfecto, asi esos días no fueran tan perfectos. En sus ojos hay una expresión que aún no entiendo, pero que recuerdo cotidiana. De pronto pensaba en esa niña detrás de la cámara y en esos ojos que verían la foto después que el muriera. Porque yo si creo que uno sabe que en algún momento sabe que se va a morir. Y ese era su mayor miedo. Dejar este reguero de niños ya adultos solos y desprotegidos. Porque siempre pensó que en su ausencia nosotros siempre estábamos desprotegidos. Éramos muy contemplados. Si. Y nosotros nunca pensamos que él algún día pudiera morirse. Yo hubiera preferido que otros papás se murieran, no el mío.

A los búhos los coleccionamos por años. La moda de los búhos fue como la de las miniaturas, los ceniceros, los cuadros papiros, o las imágenes de barcos. Puras modas y colecciones absurdas para decorar los hogares. Yo limpiaba los sábados con mi mamá los búhos. Pero en semana cuando ella no estaba yo jugaba con los búhos. En todo el edificio podíamos pasar tardes enteras jugando y comparando los búhos de cada casa, había de cristal, de cerámica, grandes y pequeños, había unos miniaturas que se compraban en la tienda de regalos de la esquina, y recuerdo un olor al recordarlos, un olor a sorpresa y a búho de color. Es sorprendente que solo unos búhos traigan tantos recuerdos, y sobre todo que aun existan esos búhos llenos de miradas oscuras, en la repisa de una ventana. Por supuesto los buhos no han estado ahi desde siempre, pero siempre han estado mirándonos, mirándome, de medio bisney, de medio lado, como quien mira y no quiere mirar.

Son los objetos los que nos traen tantos recuerdos. Algunos sobre todo. Pero si donde vives está lleno de objetos que no se han usado, rincones que no se han habitado, paredes que no se han pintado, usado, colgado con cuadros y pinturas, solo son objetos como de tienda de muebles y decoración, casas no propias. Objetos meaningless. Por eso es bonito tener casas y lugares con cosas de otros tiempos, con cosas de otros, regaladas y usadas. Cosas que tienen hisorias y olores con recuerdos. Fotos que uno olvida mirar y que cuando las vuelve a mirar, descubre algo nuevo: El no quería sonrerir, pero sonrió como quien no quiere, para la posteridad.

martes, 12 de enero de 2010

Esos años de los CD-ROM


Y llega el momento en el que las cosas hay que moverlas, los espacios cambiarlos después de años de estar detenidos, olvidados. Así que una tarde de domingo con mi mamá decidimos iniciar el revolcón. Y empezamos a sacar cosas.

Ya habia hecho un post del estudio de mi papá. Ese lugar donde pasabamos horas enteras. Donde estaban los libros, donde yo caminaba mirando los lomos a ver con cual me iba a entretener esa tarde. A mi papá le gustaban las cosas. En general le gustaba acumular libros, discos, antiguedades. Y tecnología. Y acumuló en su espacio, todo bien puesto, bien marcado, bien organizado durante años, en su estudio.

Y a mi me gustaban las cosas que mi papá acumulaba. Cogia los diccionarios grandes, los enciclopedicos y buscaba palabras desconocidas. Leia sobre el Quijote, o sobre un país lejano. O cogía la enciclopedia de los animales e investigaba de leones, o insectos, o ballenas. Veía los mapas, leía los cuentos. Y a veces estaba mi papá conmigo y el ponía la música, y se sentaba en el compuador y le gustaba nuestra compañía, aunque a veces uno no dijera nada, y el tampoco. Alguna vez me leyo poesía de Jorge Robledo Ortiz, y en “El tesoro de la juventud” el cuento de las zapatillas rojas. A veces escuchaba los Beatles y nos mostraba la colección de discos.

Y siempre tuvo un computador. Mi papá trabajó con Telecomunicaciones toda la vida. Me acuerdo de que tuvimos pantalla amarilla, verde, luego de una VGA, luego una SuperVGA. Que cada computador valía una fortuna y que a mi papá le gustaba armarlos, desbaratarlos, instalar el windows de 40 diskettes, tardes y noches enteras arreglando el computador.

Y claro con el tiempo y con la tecnología el computador se fue volviendo mas importante. Despues de los diskettes aparecio la “Multimedia” y el CD-ROM, el CD que en una cajita se ponía dentro del PC y salian imagenes de colores y enciclopedias multimedias, y todo el conocimiento que antes estaba en los pesados diccionarios, en un disco y con imagenes y peliculas y sonidos! Una maravilla moderna. Así mi papá cada vez que viajaba a Estados Unidos por trabajo traía lo último de cada software, de cada enciclopedia: La encarta, animales peligrosos, microsft office y cuantos combos de CD-Roms empaquetados que luego el marcaba uno por uno y los iba poniendo en su pared organizados. Tiempos esos de licencias originales que hoy valen el triple o mas de esos años, aunque seguro, y yo no o sabía, por esa epoca también debieron ser costosos. Tiempos de comprar licencias, tiempos donde aun no había internet y poca piratería.



Seguro mi papá se hubiera asombrado hoy con el software libre y quien sabe que pensaría de Microsoft.

Pues si, con estos discos de zoologicos, conocimientos, aprendí de tecnología, me interné horas y horas frente a esta otra pantalla, aprendí inglés, hice trivias y me divertí de lo lindo.

Otras niñas buscaban niños en las esquinas. Yo, daba click en cada multimedia.

Luego vino lo que sabemos: el internet y su maravilloso mundo, pero esa es otra historia.

Después de los años, hubo que botar casi todo. Escasamente corren, y las fotos que me asombraban ahora las veo llenas de pixeles y las multimedias mágicas, ahora son viejas locomotoras de vapor.

Algunos los guardé por nostalgia.

Y después de la botada y la recordada, el estudio iba quedando asi.


¿Hoy? hoy es otro cuento.

sábado, 9 de enero de 2010

Esas manos

Buscando en archivos viejos encontré muchas cosas de otros dias, otros tiempos en los que en mi cabeza había las mismas cosas pero diferentes. Así, encontré esto que escribí. Sobre mi papá. El 2 de enero de 2010 mi papá estaría cumpliendo 59 años. Cuando el cumplió 50 yo me asusté mucho, porque se había hecho viejo. Ahora añoro que hubiera cumplido los 60.

"Busco esas manos grandes que me abrazaron, que me acariciaron y me enseñaron a trabajar. Esas manos grandes, con la huella del tiempo y de todos los avatares de una vida bien vivida. Quiero encontrar tus manos a las que me aferraba ese ultimo día, esas manos frías y sin vida, que nunca mas voy a apretar. Busco esas manos de advertencia, esas manos de adioses y saludos. Quiero ver de nuevo, por ahí esas manos, esa mano de hombre fuerte y grande, de experiencia, de vida. Quiero volver a tomar esa mano para cruzar una calle, para hacer una oración, para simplemente saber que existías. Quiero sentirla de nuevo, entre las mías, porque las extraño y porque te extraño. Quiero esa manos que escriben notas de animo y aliento. Esas que veía torpes en medio de su grandeza, hábiles en medio de la experiencia. Las que son tuyas, las que yo quiero tener". ---- (2005)

miércoles, 6 de enero de 2010

2 de enero


Son las 11 de la noche. Pasan los dias y las horas. Leo un libro. Pasa el sol sobre mi. En la tarde el cielo se vuelve amarillo, rojo, noches sangrientas como dicen que dicen los indígenas. Han sido noches de luna llena, noches claras. Benignas. Noches frescas. Algun zancudo que me pica, a veces. Hablo con mi amor. A veces no me gusta la telefonia movil. Pero si es lo que hay me conformo. Tampoco me gusta la larga distancia. Me aburre. Me gustan las cosas cercanas y fisicas. Será por eso que no he tenido amores platonicos. Será por eso que no tengo tantas esperanzas. Será que me gustan los segundos. Suenan las chicharras. Pienso en el perro Rex que come cucarrones, se asusta con los posibles ahogados en la piscina. Que anda detras de uno como una sombra, que llora pidiendo cariño, que le duelen las patas, que nunca ha engordado. Que vive del recuerdo, de la nostalgia, que es la sombra de un gran hombre, uno que lo trajo a escondidas como un niño pequeño, esperando el permiso de su madre para quedarse con la mascota. Vive del recuerdo. Parece que lo recordamos mucho, porque a pesar de las arcadas y los vómitos, el perro Rex sigue vivo, voliando la cola y agachando las orejas. Se sienten hormigas en el pie izquierdo. Como agujitas. A mi lado “La caja de los deseos” nostalgias y deseos que son lo mismo en tiempos diferentes.

“...El padre sin embargo apostaba por la duda. Decía que no a las guerras inacabables, la injusticia que no se podía extirpar y volvía a crecer, la hipocresía cristiana. A veces con voz demasiado fuerte, a veces demasiado baja. Más tarde la duda se convirtió incluso en un personaje, descrito por el y superviviente en la clandestinidad, para el que solo los caracoles estaban fuera de duda. Porque mucho de lo que, impreso, pasaba por ser real, transcurria de una forma del todo distinta y tomaba crédulo una direccion equivacada. Lo que pretendía ser firme como una roca se desmoronaba. Las esperanzas se derretían en cuanto el tiempo cambiaba. Y también el amor, como un paquete extraviado, probaba caminos apartados y probaba lo ajeno.” Günter Grass. “La caja de los deseos”

Y sin embargo me gustan los recuerdos. A pesar de las distancias temporales.
(Este es el primer post del 2010. Escrito en Doradal, Antioquia el 2 de enero, y publicado en la cocina de mi casa en Medellin el 5 de enero)

viernes, 29 de mayo de 2009

Por donde vivo

He vivido mis 25 años y medio en el mismo lugar. He visto el barrio cambiar, crecer, llenarse de edificios. He caminado las mismas cuadras, las mismas calles, las mismas esquinas. Los sonidos han cambiado pero siempre esta el del bus que pasa por la esquina y que de niña lo sentía en el temblar del edificio. Del señor del colombiano, y la carreta de los limones. Beatriz la que cuida los carros los domingos, y Margarita la que se hace la manca los domingos para pedir limosna. Las mismas crispetas anisadas después de misa, los mismos locales comerciales viéndolos cambiar de marca. Otros skates patinando en la esquina del frente en las noches.

Mis calles eran de niña las de las cuadras cercanas. Con Iván paseaba las calles mientras el hacía los mandados. Íbamos a Conavi donde pensaba que había una bóveda llena de dinero donde como el Tio Rico, uno podría zambullirse.

Así yo siempre decía que vivía detrás de la iglesia de Santa Teresita y una cuadra abajo de Mimos. Y así todo el mundo sabía donde vivía yo. O por lo menos lo suponía. Para mi era imposible que alguien se perdiera con esas grandes referencias.


En Mimos me comía yo después de la guardería todas las tardes un mimo. Me gustaba, no el congelado, sino el de crema blanda y chocolate recién puesto, y con crispis pero no siempre le poníamos porque era un poquito mas caro. Y por supuesto varias veces se cayó el mimo en el piso mientras caminaba de la mano de Iván. Ahí ha estado Mimos hace mas de 25 años. Ahí comíamos después de la misa dominguera. No importaba la hora, porque hasta los domingos lo cerraban a las 9.


Y la iglesia. Esta iglesia grande, ese campanario que antes se veía desde todo el barrio, pero que ahora los altos edificio lo tapan. Y yo soñaba con escuchar las campanas que solo cuando ya grande sonaron. Creo que las campanas no existen realmente y es una grabación. Y ese es el mito del barrio. Ahí, los recortes de ostia, los periódicos de los domingos: el Tiempo, el Espectador y hasta el Mundo, nos llevábamos después de misa de 12.



Luego aquí estaba una carpintería. Nunca entre pero uno siempre pasaba y estaba el olor del aserrín y todo para adentro era puro aserrín. Ahora, no se que es eso. No se que hacen ahí. Luego estaba el mercado Santa Teresita. Donde Don jorge. Ahí estaba la carnicería con los pedazos de vaca colgando y a mi no me gustaba ir porque era oscuro y olía a carne. Y los ganchos que sostenían los pedazos de carne eran muy miedosos. También había verduras. Y olía a verdura. Era un sótano húmedo. Y Don Jorge, me daba miedo.


Aquí estaba la “Tienda americana” Ahí alquilábamos películas de betamax y mas grandes de VHS pero desde que salió el VHS no tuvo el mismo prestigio. Y luego la cerraron. Ahí alquilamos a los ositos cariñositos, a superman, la peli de los Hombres G, todos los Karate Kid y los niños Ninja. Por ahí pasábamos después de la misa, o los sábados en la nochecita con mi papá, que nos dejaba llevar tres películas, además porque la dueña ya era amiga de nosotros.


Y aquí vivieron las viejitas toda la vida. Ahí pedíamos confites, y las viejitas nos hacían seguir y la casa olía a viejita pero tenían una pecera rebonita con un barquito pirata hundido al que le salían burbujas. Las viejitas se murieron y ahora quien compró el primer piso, hizo unos locales que esta arrendando. Por si alguien está interesado.


Y yo vivo en el 401. El citófono sirve apenas hace unos años. Antes, antes no se como entraba. Iván me esperaba a las 4:15 de la tarde todos los días a que me bajara del bus del colegio.

Aquí vivo yo. En el edificio Teruel. En Laureles. Barrio donde hasta los gatos se pierden.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Del acordarse y olvidarse

Es hora de volver a la tierra, es hora de sentirse vivo, es hora de volver a mi.
En este asunto de esta vida política tan complicada como la que se vive en este país, en donde el presidente llora a un narco, o le piden arresto domiciliario en la propia casa presidencial, o peor aun, donde extraditan a los paracos que llevan matando medio país por mas de treinta años, pues, me empecé a leer un libro, de Alfredo Molano, el mismo que lo demandaron por sus opiniones de los notables Araujos de Cartagena y Valledupar, opiniones que tal como los rumores que son mas efectivos que las ordenes judiciales tendrán algo de verdad y son además las tapas de muchas ollas podridas.

“Desterrados: crónicas del desarraigo” es sobre todo de las propias palabras de los colombianos, las historias de las injusticias, de esas mismas que el estado ha mantenido impunes, de las mismas en las que el estado ha sido participe por acción u omisión. Pero sobre todo, de personas que no han podido estarse en el lugar al que pertenecen, personas que no entierran a sus muertos, y que esos duelos, están atravesados por mas dolor y violencia que cualquier otro. Son historias mas allá del proceso de justicia y paz, mas allá del perdón y olvido.

Porque como se pueden olvidar estas historias, como se puede olvidar la sangre y las lágrimas de tantos colombianos.

Pero es que en este país las vidas se construyen sobre el olvido. O de pronto, el mundo que el hombre ha construido para si mismo es tan absurdo que solo se puede olvidarlo todo el tiempo. Llenamos nuestras vidas de olvido, lleno mi cabeza de olvidos, para evitarme todo el dolor, para empezar de cero, para hacer borrón y cuenta nueva.

Y el problema, no importa el lugar en el que este radicado, siempre será el mismo. La memoria, la propia, la histórica, la de la violencia nunca es exacta. Hay además varias versiones, porque la memoria esta llena de emociones, y en esa medida, no puede ser una ciencia exacta. Pero existen y esos hechos y momentos existieron porque hay gente que habla de ellos, porque hay gente que los llora, o se alegra al recordarlos. Uno hace ese ejercicio con su propia vida todo el tiempo.

Ahora estoy olvidando mas que antes, o por lo menos me doy cuenta mas de todo lo que he olvidado. Pero también recuerdo muchas cosas, supongo que eso debe ser una balanza.

Nos han enseñado a ignorar los hechos, a no pararle bolas a las cosas, y así crecemos, nos repetimos, nos olvidamos de lo que hemos aprendido, de lo que hemos ganado y lo que hemos perdido en estas batallas. Pasan los días y con sus afanes olvidamos todas las cosas que hacemos y las que dejamos de hacer, pero sobre todo olvidamos las razones por las cuales las hicimos o no, y eso podría ser mas importante.

En esta vida de recuerdos me acuerdo que yo era una, ahora me veo, siendo la misma, me invade el miedo a estarme repitiendo y me calmo la voz diciendome que repetirse no es lo malo, lo malo es no acordarse. Me da susto que la vida sencilla que quiero solo sea miedo a crecer de una vez por todas.